Ximo Ferrándiz, el asesino de Castellon

Joaquín Ferrándiz Ventura, alias “Ximo” nació en Castellón en 1963. Bien parecido, todos los que lo conocían lo describen como una persona amable, trabajadora y muy educada. Trabajaba en una agencia de seguros, huérfano de padre desde muy joven, vivía en compañía de su madre.

Hasta 1990 tiene una vida tranquila de la que se conoce bien poco, es entonces cuando es condenado a catorce años de prisión ya que el año anterior, cuando circulaba con su coche, había derribado de su moto a María José, una mujer de dieciocho años y, con la excusa de trasladarla a un hospital, la subió a su vehículo, la llevó a un paraje solitario, la ató, la golpeó y la violó. La joven identificó a Ferrándiz en una rueda de reconocimiento y fue condenado por un delito de violación y otro de imprudencia temeraria. Se llegó a hacer una campaña por parte de su familia y amigos para su puesta en libertad ya que parecía imposible que fuese el autor de semejante fechoría.

Este modus operandi es utilizado de una manera u otra durante toda su carrera criminal, provoca un accidente o realiza actos para “poder ayudar” a sus víctimas y que estas suban confiadamente en su vehículo.

Joaquín Ferrándiz
Joaquín Ferrándiz

Cuando suceden los hechos principales de sus crímenes se encontraba en tercer grado penitenciario lo que le permitía una situación de semilibertad continuando su tratamiento en un centro de inserción social, debido a que había reducido notablemente su condena por buena conducta, estudios, participación en concursos literarios, etc. Había incluso dirigido una revista titulada La Saeta para internos del centro penitenciario, lo que motivó que obtuviese un gran número de redenciones de pena en tal cantidad que en 1995 ya tenía cumplidas dos terceras partes de su condena.

Los médicos forenses, la psiquiatra y la psicóloga del centro penitenciario habían dictaminado para concederle ese tercer grado que Joaquín Ferrándiz era una persona normal.

El 1 de julio de 1995, tras una juerga con sus amigos y ya solo, se encontró con Sonia Rubio Arrufat, de 25 años, en la Gran Avenida de Benicasim. Pasó por su lado con su coche, un Seat Ronda y la invitó a subir para llevarla a casa –posiblemente lo conocía de vista– y, una vez dentro del coche, la golpeó, amenazándola con una navaja y le ató las manos con los jirones que hizo de la camiseta de la joven. También le quitó las bragas y con ellas la amordazó, metiéndoselas en la boca y, con cinta adhesiva de las de embalar, de 18 milímetros de ancho, la enrolló alrededor de su cabeza. En un paraje entre Benicasim y Oropesa, violó y estranguló a Sonia, luego ocultó el cuerpo, cubriéndole la cabeza con una cubeta de plástico y el resto con un saco vacío de papel de los de cemento, que encontró en un vertedero próximo, tapando todo con unas ramas. El cadáver no se descubrió hasta noviembre de 1995.

La desaparición de Sonia provocó un gran revuelo mediático a nivel nacional, lo que obligó a Joaquín a cambiar el tipo de víctimas a las que atacar y se fijó en un colectivo de riesgo, las prostitutas.

A mediados de agosto de 1995, después de haber estado por varios locales y cuando ya eran sobre las 5’30 horas, Joaquín se dirigió a la carretera del Grao de Castellón a Almanzora, contactando con Natalia Archelós Olaria, de 23 años, que se dedicaba a la prostitución, quien subió en el coche de Joaquín y se dirigieron a un camino cercano. Una vez allí, de forma súbita, rodeó el cuello de la joven con una de las perneras de la malla que se había quitado y la asfixió. Seguidamente tiró el cadáver por un desnivel descendente que origina el cauce sin agua del Río Mijares y no fue descubierto hasta el 27 de enero de 1996.

Aproximadamente un mes después, un día de madrugada, tras haber estado tomando varias copas, volvió a la zona de prostitución aludida, contactando en esta ocasión con Francisca Salas León, de 23 años, y ambos acordaron mantener relaciones sexuales. Tras montar Inmaculada en el coche del acusado y tener relaciones en un lugar apartado, la golpeó logrando reducirla para atarle ambas manos por la espalda con las propias bragas de ésta y con una bolsa de plástico y la estranguló. El cadáver de Inmaculada fue encontrado por el servicio de limpieza del Ayuntamiento de Villarreal el 2 de febrero de 1996, mientras realizaban trabajos.

A los pocos días de haber cometido el anterior asesinato y, sobre la misma hora, se dirigió nuevamente a la zona de prostitución con el propósito de procurarse otra víctima. Esta vez contactó con Mercedes Vélez Ayala, de 25 años, viuda y adicta a la heroína. Tras tener sexo con ella, envolvió de forma violenta el cuello de Mercedes, con una pernera de la malla elástica que se había quitado, la asfixió y arrojó el cuerpo a unos 50 metros de donde dejó el cadáver de Francisca. El de Mercedes fue descubierto de forma causal el 30 de enero de 1996 por dos jóvenes que estaban sentadas en la tubería que discurre por el margen del camino desde donde se arrojó el cuerpo.

En enero de 1997 fue detenido Claudio Alba, de cincuenta años, camionero y proxeneta, acusado de ser el autor del asesinato de las tres prostitutas, debido a que una testigo lo sitúa en el lugar de los hechos, pero es puesto en libertad cuando se logra probar que Joaquín Ferrándiz era el autor de todas las muertes.

Después de haber matado a tres prostitutas, volvió a fijar su mirada en las mujeres que le habían llamado siempre la atención, mujeres jóvenes que al finalizar la salida de fin de semana regresaban a su domicilio solas y a las que podía “ayudar” auxiliándolas, así el 14 septiembre de 1996 sobre las 7’00 horas, Joaquín se encontraba en la zona del “Pub” conocida como “Las Naves” en Castellón y allí entabló conversación con Amelia Sandra García, de 25 años, a quien conocía. Tras intimar, decidieron irse juntos en el vehículo de aquél a algún lugar apartado. Mantiene dentro del coche relaciones sexuales con ella y cuando se estaba vistiendo, le golpeó la cabeza y el rostro con una piedra envuelta en una toalla y, posteriormente, utilizando el propio sujetador de Amelia le ató las manos, por detrás de su propio cuerpo, la estranguló y ocultó el cadáver en una balsa que, por estar rodeada de altas cañas en sus márgenes, impedía la normal visión del agua. Arrojó dentro el cuerpo, que fue encontrado casualmente el 19 de febrero de 1997.

Todavía, antes de su detención, le daría tiempo a intentar violar y matar a dos mujeres más, aunque afortunadamente no lo consiguió. La primera, el 15 de febrero de 1998, una joven que iba sola por la Avenida Almazora de la ciudad de Castellón. En esta ocasión Joaquín se escondió y cuando la  chica llegó a la altura, la abordó tratando de taparle la boca, pero los gritos de ella y que un hombre salió en su auxilio, frustró su intento.

Las víctimas de Joaquín Ferrandiz
Las víctimas de Joaquín Ferrándiz

Llegados a este punto, en mayo de 1998, se solicitó por parte de los investigadores y, por primera vez en España, la elaboración de un perfil criminal que pudiese arrojar luz sobre el caso, acudiendo a la Universidad de Valencia donde daba clases Vicente Garrido Genovés, que basándose en las teorías de David Canter elaboró un perfil geográfico del autor. En las conclusiones de dicho perfil Vicente Garrido explicó que la forma de matar, utilizando para asfixiar a sus víctimas sus propias prendas, era una “firma” y que todas las mujeres, incluso Sonia Rubio, habían sido asesinadas por la misma persona.

Y por último, el 12 de julio de 1998, cuando era ya objeto de seguimiento por parte de los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, entró en la discoteca “Botánico” de Benicasim y se fijó en una chica a la que persiguió cuando salía del local. Viendo que tenía un Renault 5, la siguió y, cuando se bajó del coche para comprar tabaco, Joaquín vació el aire de una de las ruedas de su coche, lo que provocó, no su parada, sino que esta condujese el vehículo y un poco después perdiese el control y volcase. Joaquín esta vez no abusó de ella y llevó a la joven hasta el Hospital General de Castellón mientras era seguido por varios coches de la Unidad Central Operativa (UCO). No obstante, el hecho de haber ocasionado el accidente al desinflar la rueda del coche, da motivos sufi cientes para su detención e interrogatorio. Se realizó además un registro en su domicilio el 1 de septiembre de 1998, donde se encontró la navaja y la cinta aislante adhesiva utilizada en el asesinato de Sonia Rubio. Esto provocó la confesión e imputación de todos sus asesinatos.

En enero de 2000, se dicta Sentencia por parte de la Audiencia Provincial de Castellón y es condenado a un total de 69 años de cárcel. Ingresa en el Centro Penitenciario de Herrera de la Mancha, donde cumple condena junto a Tony King, asesino de Sonia Carabantes y Rocío Wanninkhof; Santiago del Valle, violador y asesino de Mari Luz Cortés; Miguel Carcaño, condenado por la muerte de Marta del Castillo; y de Álvaro de la Iglesia, alias “Nanisex”, uno de los más prolijos pederastas de nuestra historia.

Joaquín Ferrándiz saldrá de prisión en 2023 y, aunque no ha solicitado todavía el tercer grado, ya tiene derecho al mismo. Está considerado como un preso modelo.

Para la realización del perfil criminológico del autor he contado con la colaboración de Ruth Vazquez Hernando (criminóloga y psicóloga).

PERFIL CRIMINAL

Son cinco los asesinatos dispuestos en el tiempo que vamos a analizar con el fin de recopilar toda la información necesaria para poder realizar un perfil que nos defina a su autor.

  • 1ª víctima: julio 1995: Sonia Rubio.

Acaba de terminar la carrera. 25 años. Pasan la noche de fiesta en una discoteca.

Modus operandi: al acabar la noche, el asesino invita a Sonia a subir a su coche para llevarla a casa. Van hasta un descampado donde la viola y estrangula.

Características del cadáver: manos atadas con jirones pertenecientes a la camiseta de la joven. Amordazada con sus bragas. Cinta adhesiva de embalar enrollada alrededor de la cabeza. Muerte por asfixia mecánica. Se deshace del cadáver en un vertedero.

  • 2ª víctima: agosto 1995: Natalia Archelós.

   Prostituta. 23 años.

Modus operandi: después de una noche de fiesta, sobre las 5:30 de la madrugada, el asesino reclama los servicios de Natalia. La invita a subir a su vehículo y van hasta un descampado, donde la asfixia.

Características del cadáver: cuello rodeado con una de las perneras de la malla que Nata lia vestía. Muerte por asfixia mecánica. Se deshace del cadáver por un desnivel originado por el cauce sin agua del Río Mijares.

  • 3ª víctima: septiembre 1995: Francisca Salas.

Prostituta. 23 años.

Modus operandi: después de una noche de fiesta, el asesino reclama los servicios de Francisca. Se desplazan con el vehículo hasta un lugar apartado donde mantienen relaciones sexuales, a continuación la estrangula.

Características del cadáver: manos atadas a la espalda con sus propias bragas. Muerte por asfixia mecánica. Se deshace del cadáver.

  • 4ª víctima: septiembre 1995: Mercedes Vélez.

 Prostituta. 25 años. Viuda y adicta a la heroína.

Modus operandi: de madrugada, después de una noche de fiesta, solicita los servicios de Mercedes. Se desplazan con el vehículo, mantienen relaciones sexuales y después la asfixia.

Características del cadáver: Mercedes presenta el cuello envuelto con la pernera de las mallas que vestía. Muerte por asfixia mecánica. Se deshace del cuerpo a unos 50 metros del lugar donde se deshizo del cuerpo de Francisca, la anterior víctima.

  • 5ª víctima: septiembre 1996: Amelia Sandra García.

Joven de 25 años.

Modus operandi: sobre las 7:00 de la madrugada, después de pasar la noche de fiesta. Tras intimar deciden abandonar el lugar juntos en coche, acuden hasta una zona apartada donde mantienen relaciones sexuales dentro del vehículo. A continuación, el asesino estrangula a Amelia.

Descripción del cadáver: presenta un golpe en la cabeza y el rostro. Manos atadas a la espalda con su propio sujetador. Muerte por asfixia mecánica. Se deshace del cuerpo en una balsa.

Además de los cinco asesinatos consumados, se producen 3 intentos más:

  • 1º intento: año 1989: María José.

   Joven de 18 años.

Modus operandi: Joaquín circula con su vehículo y derriba la moto de María José con el fin de que esta le pidiese ayuda. Así fue, María José aceptó subir al vehículo para ser trasladada hasta un hospital. Se desplazaron hasta un lugar retirado donde la víctima fue violada. Sus gritos la salvaron de la muerte.

  • 2º intento: febrero 1998. Lidia.

Modus operandi: Joaquín permanece escondido, Lidia es sorprendida, le tapa la boca pero ella consigue gritar hasta ser escuchada por un hombre que acude a su auxilio.

  • 3º intento: julio 1998. Mujer joven.
Lugares de los asesinatos
Lugares de los asesinatos

Modus operandi: después de una noche de fiesta, Joaquín se fija en una chica. Le vacía una de las ruedas del coche, una vez que la chica coge el coche pierde el control y vuelca. Joaquín trata de auxiliarla y la traslada al hospital.

Una vez descritas las cinco actuaciones vamos a tratar de estructurar la información para definir más al asesino.

Como vemos, existen diversos datos comunes entre todos los actos. Robert Ressler acuñó el término “asesino en serie” el cual cumple, perfectamente, con la descripción del autor de los crímenes anteriormente descritos.

Este tipo de asesino mata a tres o más víctimas, en este caso a cinco, de forma sucesiva. Un dato muy importante es que, si nos fijamos en las fechas de cada uno de los ataques, podemos comprobar que existen dos periodos de enfriamiento bien marcados y con un porqué bien definido:

  • Primer periodo de enfriamiento: de 1989 a 1995: Joaquín permanece en la cárcel debido a la violación consumada de María José. Tras este periodo de enfriamiento, podemos observar cómo, en cierto modo, cambia su táctica. En el primer intento de su carrera delictiva, Joaquín provoca un accidente con la víctima para poder “ayudarla” y así hacerse con el control. Después de permanecer casi 6 años en la cárcel, consigue el tercer grado penitenciario y esa situación de semilibertad. Ahora se centra en salir de fiesta y ahí ganar la confianza de su siguiente víctima.
  • Segundo periodo de enfriamiento: de septiembre de 1995 a septiembre de 1996: Joaquín tiene una novia, Mercedes, mantiene una relación estable con ella hasta julio de 1996, cuando Mercedes decide acabar con la relación, este hecho hace que Joaquín se sienta frustrado por perder a su amor lo que le lleva de nuevo a matar con un cambio dentro de su carrera delictiva. Hasta este punto, Joaquín había matado a cuatro mujeres, las tres últimas prostitutas. Después de este periodo de enfriamiento, vuelve a centrar su foco de atención en las mujeres que siempre le habían gustado, jóvenes, simpáticas y atractivas.
  • Tercer periodo de enfriamiento: entre 1997 y 1998: Claudio Alba, camionero y proxeneta, es detenido acusado de ser autor de los tres asesinatos de las prostitutas. Es durante este tiempo en el que Joaquín, al ver la repercusión mediática, decide parar de matar, siendo Claudio carne de cañón, por ser proxeneta, podría cargar con los tres asesinatos de los que, en realidad, no era culpable. Al salir Claudio de la cárcel, Joaquín se siente con mucha ansiedad y frustrado de no cometer ningún asesinato, esto le lleva a volver a actuar pero ya sin tomar las medidas necesarias para no ser descubierto.

Por todo ello, se puede concluir que se trata de un asesino en serie con intencionalidad sexual acompañada de una fuerte agresividad. Llevado a cabo a través de un modus operandi de bajo riesgo ya que elige víctimas desconocidas. Además, actúa siempre de madrugada, después de una noche de fiesta, cuando la gente está más desinhibida, busca lugares apartados para consumar sus acciones.

Consideramos que se trata de un delincuente organizado ya que siempre actúa de la misma manera, su modus operandi es llevado a cabo siempre igual, planifica, elige a la víctima, la desplaza con su vehículo a otro lugar donde, después de mantener relaciones sexuales la asfixia. Utilizando siempre prendas que visten las víctimas, para amordazarlas o atarlas, y después se deshace del cadáver. Elige víctimas de bajo riesgo, la primera y la última víctima, ya que se trata de mujeres de clase media con una vida organizada. Pero, en su mayoría, elige víctimas de alto riesgo, prostitutas, dedicadas al mundo de la noche que tratan con mucha gente desconocida y además con consumo frecuente de alcohol y drogas lo que les hace ser más vulnerables.

Consideramos que se mueve por impulsos, su motivación es sexual tratando siempre de cubrir sus necesidades fisiológicas por eso actúa tantas veces,  porque no se ve satisfecho.

Realiza sus actos en lugares que ya conoce y se aprovecha de la nocturnidad para, en cierto modo, dificultar el descubrimiento de sus hechos.

Es frío y calculador, es consciente de lo que hace, por eso decide parar de matar mientras Claudio Alba está en prisión, piensa que así puede pasar del todo desapercibido, pero es su instinto el que de nuevo le lleva a la acción sin tener en cuenta aspectos que anteriormente sí había cuidado.

Francisco García Escalero “El matamendigos”

La revista “Quadernos de Criminología” tiene una sección que se titúla “Quilers de QdC” que tengo el honor de escribir, en cada artículo intentare acercar al público la persona de un asesino en serie , en esta primera ocasion el protagonista es Francisco García Escalero, alias “el matamendigos”.

Os animo a incribiros en la Sociedad Española de Criminología que edita esta revista, ademas de realizar multiples actividades para el fomento de la #criminologia,  si quereis suscribiros podeis realizarlo en este enlace.

Francisco García Escalero, alias “el matamendigos”, nació en Madrid el 24 de mayo de 1959, en el antiguo hospital de “El cisne”, hoy famoso por ser uno de los hospitales implicados en el llamado caso de los niños robados. Francisco es posiblemente el asesino en serie más estudiado de la reciente historia, dentro del ámbito criminológico y psiquiátrico.

Un criminal que está considerado como un asesino desorganizado, según la clasificación que realiza Robert K. Ressler, fundador de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI.

Este tipo de asesinos realizan los hechos criminales de forma impulsiva, en muchos casos con armas de oportunidad (encontradas en el propio lugar del hecho). Tampoco ocultarán, por lo general, las pruebas de sus delitos, a la vez que tampoco suelen ser personas extrovertidas o sociables. Normalmente disocian los hechos criminales que han cometido y llegan incluso a no recordarlos, aunque también pueden recordar detalles concretos de esas vivencias de forma muy nítida.

Por supuesto, estas clasificaciones no son exactas ya que Francisco García, tal y como se expresó en un análisis la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal de la Universidad de Salamanca dirigido por Francisco Javier de Santiago, Luis Miguel Sánchez, y Silvestre cabezas entre otros, llego a la conclusión de que la personalidad de este asesino es más complicada ya que realizo actos tendentes a dificultar la identidad de sus víctimas como tratar de ocultar sus crímenes quemando los cadáveres, cortando las yemas de los dedos para evitar la identificación de sus víctimas o tirando los cadáveres en un pozo, actitudes que no concuerdan con un asesino desorganizado.

Francisco García Escalero
Francisco García Escalero

Se autoinculpó de 14 asesinatos, aunque su letrado manifestó que algunos de ellos posiblemente no los habría cometido, a la vez que también afirmaba que posiblemente habría asesinatos realizados por Francisco que jamás se llegaría a descubrir su autoría.

La Audiencia Provincial de Madrid en la Sentencia 111/96 declaró probado que Francisco García había asesinado a 10 personas, al mismo tiempo también considera probado los delitos de asesinato en grado de tentativa, rapto y agresión sexual en la persona de Ernesta de la Oca. Para finalizar, también le aplica una falta de hurto, al sustraer el reloj de Mari, no obstante, le aplica la eximente completa aduciendo que padecía trastorno de la inclinación sexual, necrofilia, alcoholismo crónico, esquizofrenia y episodios de intento de suicidio. Los médicos decretaron: “Sólo se puede pensar que el trastorno le impedía actuar en libertad. Que sus actos eran patológicos, una manifestación más de su enfermedad”. Así pues, fue absuelto de todos los delitos cometidos.

Es de tener en cuenta que los asesinatos esclarecidos se basan exclusivamente en las confesiones del propio autor y lo que se ha podido contrastar de las mismas, como el hallazgo de los cadáveres en los lugares que él mismo había indicado. Los tres asesinatos que confesó y que no han podido ser probados son el de una prostituta en San Fernando de Henares llamada María Paula Martínez Rodríguez, Juan José Rescalbo, un travesti que respondía al nombre de Sonia en Barcelona y una anciana que dijo haber matado en el parque del Retiro de Madrid, cuyo cuerpo no se descubrió y de la que no hay más datos.

Francisco García creció en una covacha, que hoy corresponde a la calle Marcelino Roa Vázquez 36, cercano al cementerio de la Almudena, lugar que tuvo una enorme influencia en él ya que desde pequeño acudía al cementerio, metiéndose incluso en los velatorios para ver los muertos, huyendo de los malos tratos que le proporcionaba su padre, un albañil de profesión, que no entendía ni su afición a los muertos (acudiendo al cementerio a altas horas de la madrugada) ni sus diversos intentos de suicidio tirándose a los coches. Varios de los asesinatos cometidos los comete junto a las tapias de este camposanto.

Persona sin formación, desde muy joven merodeaba en las tapias del cementerio y otros lugares cercanos donde acudían las parejas, y donde ejercía el voyerismo, masturbándose compulsamente. Cuando tiene 16 años ingresa por primera vez en un hospital psiquiátrico. Es en esa época cuando empieza a cometer pequeños robos y otros delitos de menor entidad.

En 1973 roba una moto lo que le lleva a acabar en un reformatorio. Es a la salida de este centro cuando, en compañía de otros dos compinches, atraca a una pareja en las proximidades del cementerio de la Almudena, violando todos a la mujer en presencia de su novio. Por este hecho pasa 12 años en prisión, de los 60 a los que fue condenado. Los testimonios de quienes compartieron condena con Francisco le describen, en aquel entonces, como una persona huraña e introvertida, destacando actitudes extrañas en su comportamiento, como tener en su celda pájaros y otros animales de pequeño tamaño, todos ellos muertos. Cuando salió de la cárcel llevaba el cuerpo cubierto de tatuajes, entre los que destaca uno que se hizo famoso durante el proceso: “naciste para sufrir”.

Exhumación en el pozo donde tiro algunas de sus víctimas
Exhumación en el pozo donde tiro algunas de sus víctimas

Una vez que sale de prisión empieza a beber en exceso, hasta llegar a ingerir entre tres y cinco litros de bebidas alcohólicas al día, lo que, unido a la toma de pastillas, en especial Rohypnol, un tranquilizante que llegó a conocerse en los años 80 como la “droga de la violación”. Esta droga produce un sueño rápido, a la vez que un estado de amnesia, que favorecía su utilización en este tipo de delitos, pero que combinada con el alcohol que ingería Francisco García, supone un coctel explosivo.

La Sentencia explica este comportamiento diciendo:  “Francisco García Escalero había ingerido grandes dosis de alcohol y pastillas de Rohipnol antes de llevar a cabo las conductas relatadas en el factum y en este estado Francisco percibe con mayor intensidad aún, esas alucinaciones auditivas que le dicen que tiene que matar, y siente un impulso o según sus propias palabras una “fuerza superior” incontrolable que le lleva automáticamente y de forma inmediata a actuar en ese sentido, y por eso mata y en algunos casos con una violencia desbordada.”

El criminólogo Luis Miguel Sánchez Gil explicó en un artículo* las características del asesino esquizofrénico, que se dan en este caso: “En cualquier caso, el esquizofrénico dejará su sello en la escena del crimen con casi toda seguridad. Esta será caótica, en ella se reflejará sobre todo una gran violencia, estando presentes actos como por ejemplo la mutilación de miembros en la víctima, extracción de vísceras, prácticas sexuales post-mortem, escenarios sangrientos, etc. Este tipo de escenas dejan patente que son personas incapaces de planificar.

A diferencia del asesino psicópata que es frío, calculador y pone su inteligencia al servicio del crimen, el esquizofrénico no controla la escena, la víctima, actúa por impulso, suele emplear armas improvisadas que en multitud de ocasiones abandona en el propio escenario del delito. Tampoco se preocupa por esconder a la víctima ni ocultar sus huellas, y tan solo la quietud de la muerte le produce satisfacción y sensación de control. Concretamente, Francisco García Escalero padecía esquizofrenia paranoide (uno de los cuatro tipos de esquizofrenia), la cual se caracteriza sobre todo por la aparición en el sujeto de brotes psicóticos que, como en este caso, pueden ser del tipo de las alucinaciones.

Particularmente en García Escalero la raíz de la enfermedad estaría, con casi toda seguridad, en el abusivo consumo de alcohol y sustancias psicotrópicas que llevaba a cabo, aunque ya desde pequeño presentó comportamientos extraños, como su profunda admiración a la muerte y lo relacionado con ella, como cementerios o tanatorios.

Toda su vida estuvo vinculada al cementerio de la Almudena
Toda su vida estuvo vinculada al cementerio de la Almudena

Respecto a las alucinaciones que sufría eran de tipo auditivo, posiblemente en un principio serían simples discusiones con personas inexistentes, algo típico en alcohólicos crónicos, pero estas con posterioridad se convertirían en voces imperantes que le daban órdenes de naturaleza homicida.”

Durante los años 1.986/1.987 realiza diversos actos de necrofilia en el cementerio de la Almudena, desenterrando cadáveres y masturbándose compulsivamente. Descubierto en una de esas sesiones, pasó un corto espacio de tiempo ingresado en el Hospital psiquiátrico provincial.

Es en agosto de 1.987, cuando se produce su primer asesinato probado, tras haber pedido limosna en una iglesia de la zona de Retiro en unión de otro mendigo, Mario Román González, compraron varias botellas de Whisky y, después de beberlas junto a unas tapias del cementerio de la Almudena, Francisco García comenzó a escuchar las voces que le empujaban a matar. Francisco cogió una piedra y golpeó en la cabeza a Mario, que estaba tumbado sobre un colchón abandonado. A continuación, con un cuchillo le apuñaló varias veces. Después prendió fuego al cadáver rociándolo con gasolina.

Tres meses después, tras conocer a una mujer que practicaba como él la mendicidad, que se llamaba “Mari” y tenía unos, 40 años, sin saberse más datos, la convenció para subir a una furgoneta DKW que él utilizaba en algunas ocasiones para pernoctar y que llevaba abandonada en un descampado cercano a la calle Alcalá más de cinco años. Una vez dentro de la furgoneta con una navaja le asestó cinco puñaladas. Posteriormente, le cortó la cabeza, le quito el reloj, desconociéndose que hizo con él y prendió fuego a la furgoneta con el cadáver dentro. La cabeza la metió en una bolsa de “El corte ingles” y la llevo consigo durante varios días hasta que la arrojó a un pozo de más de veinte metros de profundidad que se encontraba en la Avenida Arturo Soria, en la tapia trasera de la Iglesia de Santa Gema Galgani. Este lugar se convirtió, junto al cementerio de la Almudena, en el segundo de sus lugares fetiche.

La noche del 4 al 5 de marzo de 1.988, cuando estaba con otro indigente, Juan Cámara Baeza, en un páramo cercano a la Avda. de los Poblados de Aluche, cogió una piedra de aproximadamente 30 kg. con la que golpeó a Juan en la cabeza asestándole después, al menos, cincuenta y cuatro puñaladas.

Justo un año después, el 19 de marzo de 1.989, se encontraba Francisco García con Ángel Heredero Vallejo, al que conoció mientras pedían limosna en la puerta de una iglesia. Tras terminar se dirigieron a una zona cercana a la estación de Atocha, donde le golpeó en la cabeza con una piedra, tras lo cual le propinó 14 cuchilladas, intentando cortarle la cabeza sin conseguirlo. A continuación, con el cuchillo, le cortó las yemas de los dedos de ambas manos.

En el mes de mayo de 1.989, Francisco se encontraba en la zona de Hortaleza con Julio Santiesteban Rosales, otro pordiosero. Con una navaja le apuñaló en el cuello. Mientras estaba aún con vida, le seccionó el pene y se lo puso en la boca, después prendió fuego con gasolina al cuerpo.

Los forenses durante el juicio explicaron: “Algunos datos de sus conductas violentas, como la utilización del pene, las consideramos, más que sexuales, como expresión del dominio animal, de la necesidad instintiva de dominar al otro mediante la muerte y además exponer los atributos de la presa”.

En septiembre de 1.991, se encontraba Francisco García con un tal Juan, del que no se sabe ningún dato más, por tratarse de un sin techo, en un paraje cercano a la M-30, donde cogió una piedra con la que golpeó a Juan en la cabeza, apuñalándole después. Una vez hecho esto, le cortó la cabeza le quitó las entrañas y trasladó el cuerpo hasta la calle Arturo Soria, donde lo arrojó a un pozo.

La noche del 24 al 25 de ese mismo mes, en un paso subterráneo de la Avenida de Brasilia, se hallaba tumbado encima de un colchón abandonado Lorenzo Barbas Marco. Francisco García se abalanzó contra él, golpeándole con una piedra en la cabeza y apuñalándole varias veces. Después prendió fuego ardiendo al colchón y al cuerpo de la víctima.

Un año más tarde, Francisco se dirigió al mismo descampado cercano a la M-30 donde había matado a Juan, en compañía en esta ocasión de Mariano Torrecilla Estaire, al que conoció mendigando por la zona del Parque de las Avenidas, y al que aplastó la cabeza con una piedra y apuñaló varias veces. Tras eso, le cortó un dedo para llevarse su anillo, y le cortó la cabeza, también, al igual que a Juan, le sacó las entrañas y tiró el cadáver en el pozo de la calle Arturo Soria.

Es el día 8 de junio de 1.993, cuando Francisco, y otro mendigo que le acompañaba, posiblemente Ángel Serrano Blanco alias “El rubio”, obligaron a Ernesta de la Oca, una vagabunda esquizofrénica, a acompañarlos hasta un descampado cercano a la calle Corazón de María, donde la desnudaron y obligaron a que les hiciese tocamientos de índole sexual.  Tras eso, la pegaron hasta darla por muerta. Ernesta es la única superviviente de los ataques del “matamendigos”.

No tardó mucho en finalizar su relación con su compañero de correrías, pues un mes más tarde, Francisco mató a Ángel Serrano en un descampado de la Cuesta de los Sagrados Corazones, machacando su cabeza con piedra y prendiendo después el cadáver.

Cuando le preguntaron si había discutido con Ángel para haberlo matado respondió “me llevaba muy bien, pero eso no sé cómo lo hacía. Creo que nunca lo comprenderé”

El día 9 de septiembre de 1.993, Francisco se escapó del Hospital psiquiátrico Alonso Vega, donde había ingresado tres días antes, y lo hace en compañía de Víctor Luis Criado, que padecía también esquizofrenia. Es la única persona asesinada por Francisco que no era un mendigo.

Ambos se dirigieron a las tapias del cementerio de la Almudena, donde Francisco golpeó a Víctor con un objeto contundente en la cabeza, quemando después su cadáver. Francisco relató así lo sucedido: “Lo maté. Estuvimos bebiendo en un parque al lado del cementerio y tomando pastillas, me las pedía el cuerpo para poder hablar mejor”. “Luego le dije dónde íbamos a dormir y en el cementerio sentí las fuerzas, me daban impulsos; allí cogí una piedra le di en la cabeza y luego le quemé con periódicos y me fui a dormir al coche y al día siguiente al Hospital. Ahora me siento con la mente en blanco como si estuviera muerto”

Tras este asesinato, Francisco García Escalero se intenta suicidar en la carretera de Colmenar Viejo, pero solo consigue romperse una pierna, cuando es atendido en urgencias del Hospital Ramón y Cajal, explica a los médicos que había intentado suicidarse porque no quería matar más, a la vista de las afirmaciones de Francisco, desde este hospital se contacta con el psiquiátrico Alonso Vega, que corroboran la fuga del centro y se avisa a la policía para que investigue la realidad de lo que estaba contando Francisco.

Es en presencia del abogado del turno de oficio Ramón Carrero Carraz y dos inspectores cuando el matamandigos comienza a desgranar su historia.

Tras el juicio, se ordena su ingreso en el centro psiquiátrico penitenciario de Fontcalent, donde fue entrevistado incluso en varios medios de comunicación. Famosa es la entrevista que le realizó para el programa “Cuerda de presos” el periodista Jesús Quintero al que llegó a decir otra de las frases que se hizo famosa: ¿Matar? Pues no, no es fácil. Pues porque había algunas víctimas que no se morían así, al momento. Las tenía que dar más.”

Mapa de Madrid con los lugares de sus asesinatos y donde tiró los cadáveres
Mapa de Madrid con los lugares de sus asesinatos y donde tiró los cadáveres

Cuando se le pregunta que hacía después de matarlas, responde “Me tumbaba allí, en el campo, hasta la mañana siguiente. No me daba cuenta de lo que había hecho. Luego me levantaba y me iba”

Falleció sin ver la libertad en la noche del 19 de agosto de 2014.

*Revista “El perfilador” nº 6 – Título del articulo “La huella del esquizofrénico, el matamendigos” autor Luis Miguel Sánchez Gil. año 2011.

Manuel Delgado Villegas “El arropiero”

La revista “Quadernos de Criminología” publica una sección que se titúla “Quilers de QdC” que tengo el honor de escribir, en cada artículo intentare acercar al público la persona de un asesino en serie , hoy ese articulo, lo dedico a Manuel Delgado Villegas “El arropiero”. que he tenido el honor de firmar con el Comisario Salvador Ortega, el policia que lo detuvo, hoy 18 de enero, pero en 1971.

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Manuel Delgado Villegas, apodado “el Arropiero ” al ser hijo de un vendedor de arrope, caramelos caseros hechos con miel de caña, y a veces zumo fruta con alto contenido azucarado y distintos sabores, está considerado como el mayor asesino en serie español de todos los tiempos.  También hay que hacer constar que las condiciones que en él se dan, hacen del Arropiero un caso extremadamente singular.

Manuel Delgado Villegas "El arropiero"
Manuel Delgado Villegas “El arropiero”

Sin embargo, pese a que se autoinculpó de un total de cuarenta y ocho crímenes, la policía española analizó e investigó veintidós de los casos, algunos de ellos en el extranjero,  los relatos y manifestaciones de Manuel coincidían con los lugares y hechos donde manifestó haber llevado a cabo alguno de sus crímenes, tras los estudios de las gestiones sumariales, siete de ellos, se razonaron como resueltos y se reconstruyeron los hechos por el Ilmo. Sr. Magistrado Juez Especial, nombrado para la realización de los  mismos. Con el número veintidós el grupo investigador, recibe órdenes de dar por terminadas las gestiones y líneas de investigación, considerándose el caso como cerrado.

Pese a lo anterior, jamás fue juzgado, aunque sí ingresó en prisión. De acuerdo con el Código Penal vigente en aquel entonces (1973), la Sala Segunda de la Audiencia Nacional, que se acababa de crear, unificó todas sus causas en el sumario 24/1978 dictando un auto de sobreseimiento  provisional de la causa el 20 de junio de 1978, decretando el internamiento de por vida. Pasó casi veinte años en los módulos psiquiátricos de varias prisiones, entre las que destaca Carabanchel (Madrid) o Fontcalent (Alicante). Su caso llegó a ocasionar que la Asociación de Estudios Penales demandase a varios exministros  de Justicia, directores de Instituciones Penitenciarias y tres magistrados a causa de este hecho.

Fue el primer preso al que se le trasladó en avión en España, todo ello al objeto de realizar investigación de los numerosos crímenes de los cuales se autoinculpó.

Mientras estaba ingresado en el psiquiátrico penitenciario de Carabanchel, donde por primera vez en nuestro país se descubre la anomalía genética de su ADN, los cuales muestran una trisomía de los cromosomas sexuales, observándose un cromosoma Y extra dando lugar al cariotipo 47 XYY. Este cromosoma YY se ha denominado como síndrome del superhombre entre otros similares, y se les puede observar una menor capacidad del aprendizaje y alteraciones en el lenguaje, al igual que un bajo coeficiente intelectual y cierta tendencia a la agresividad y conducta antisocial.

En ninguno de sus crímenes se encontró semen ni otros restos orgánicos como líquido seminal, por lo que algunos investigadores creen que padecía falta de esperma llamada “aspermia”.

Manuel Delgado Villegas,  nació el 25 de enero de 1943 en Sevilla, en el conocido como “Charco de la Pava” cercano al barrio de León.

Su madre murió estando ingresada por la Beneficencia en el “Hospital de las cinco llagas” hoy lugar del Parlamento de Andalucía. Padecía de problemas cardiovasculares graves. Su hermana Joaquina se marchó a Barcelona donde a trabajar. Manuel Delgado era cuidado por su abuela y ya con dos años su hermana trasladó a ambos a su domicilio, siendo la única persona que mantuvo con Manuel cierta relación de afectividad. Tuvo una infancia difícil llena de violencia y en 1961 ingresó en la Legión Española, de donde fue expulsado al considerarlo no apto por problemas mentales. Fue allí donde aprendió el golpe que le dio fama, ” el golpe del legionario”, un golpe seco dado con el canto de la mano en el cuello, aunque también utilizaba medios “de oportunidad”.

Los autores del presente artículo, el comisario Salvador Ortega y el Criminalista José Carlos Vilorio
Los autores del presente artículo, el comisario Salvador Ortega y el Criminalista José Carlos Vilorio

Pese a todo lo anterior el profesor Luis Frontela, Catedrático de Medicina Legal de la Facultad de Sevilla, forense que examinó a Manuel Delgado, consideró que era una persona que discernía el bien del mal, considerándole no un enfermo mental sino un psicópata, con inteligencia dentro de los parámetros normales pese a que no consiguió aprender a leer ni escribir.

De la misma opinión es el comisario del C.N.P. Salvador Ortega, que recorrió España con Manuel Delgado y la comisión judicial, reconstruyendo e investigando cada uno de los crímenes de los cuales se autoinculpó. Durante el tiempo que Manuel Delgado estuvo en contacto con los investigadores, casi tres años, antes y después de ser ingresado en el Psiquiátrico Penitenciario de Madrid, no indicó tener necesidad de ser medicado, al igual que no mostró reacción alguna de padecer ataques epilépticos como tampoco síntomas de esquizofrenia.

No manifestó muestras de drogadicción o de alcoholismo. En las comidas nunca solicitó el consumo de bebidas alcohólicas, aunque sí que es cierto que fumaba más de un paquete de tabaco rubio a diario, su comportamiento se adaptó siempre a las indicaciones de los acompañantes. Nunca se le mantuvo esposado, pero si controlado por los investigadores para no dar lugar a situaciones de riesgo y mayor peligrosidad.

se desconocen los tratamientos empleados sobre cualquier enfermedad, sobre todo psiquiátrica, una vez fue trasladado a Fontcalent.

Ambos piensan que la mente del asesino fue degenerando a causa de los tratamientos seguidos para mantenerle tranquilo en prisión una vez detenido, ya que fue tratado de esquizofrenia. También según algunas fuentes, padecía un cuadro megalomaníaco, desorientación espacio-temporal y tendencia al autismo. Era disléxico  y tartamudeaba con frecuencia.

El asesinato de María Antonia Relinque, una mujer con cierta minusvalía psíquica que solía mantener relaciones sexuales con camioneros que estaban de paso por el Puerto de Santa María, a la que él consideraba su novia, puso fin a su carrera criminal. La presencia de Manuel Delgado en la citada localidad se debía a “una visita preparada”, por el mismo, para no ser relacionado ni descubierto como autor de alguna de sus fechorías.

Fue detenido el 18 de enero de 1971 y, según su propia declaración, fue a un paraje cercano a la población del Puerto de Santa María donde, mientras practicaban sexo, riñeron ya que ella le solicitó “algo que le daba asco” y la estranguló con los leotardos de la propia víctima. Según dijo a los investigadores, acudió al lugar del hecho todos los días a mantener relaciones sexuales con el cadáver hasta que fue detenido, ya que “si podía tener sexo con ella en vida, por qué no iba a poder tenerlo una vez muerta”. Cuando se le detiene, en un acto de vanidad, empieza a autoinculparse de muchos de sus crímenes.

El 3 de diciembre de 1970, viajaba en moto con Francisco Martín Ramírez, cuando este le acarició. Esto hizo que Manuel, presa de la cólera, parase el vehículo y le golpease en el cuello. Posteriormente volvió a insinuarse sexualmente y encontrándose ambos a la orilla de un río, lo ahogó en aquel lugar.

El 23 de noviembre de 1969, Manuel estaba en un bar cercano a la vivienda de su hermana en Mataró, presenció cómo Anastasia Borrella, de 68 años de edad, cobraba su sueldo. Siguió a Anastasia cuando salió del local acercándose a la misma tirándole del bolso.

En el forcejeo, éste logró hacerse con el bolso y empujarla al vacío desde un pequeño puente por encima de una espacie de canal.

El Arropiero bajó y la arrastró bajo el puente para ocultar el cuerpo de Anastasia, que había fallecido a consecuencia de la caída. En esos momentos, aprovechó para violarla, marchando después con el dinero que había en el bolso. El cadáver fue descubierto al día siguiente por unos menores que jugaban en el canal.

En Barcelona conoció a Ramón Estrada Saladich, dueño de una empresa familiar llamada “Muebles La Fábrica”, con el que mantenía relaciones sexuales a cambio de dinero. El 5 de abril de 1969, tras tener sexo, Ramón se negó a pagarle el precio, aduciendo que no tenía suficiente. Forcejeando, Manuel vio que su cartera contenía varios billetes de mil ptas., y cogiendo una silla rompe una de las patas golpeándolo en la cabeza, marchándose de inmediato.

En la práctica de los hechos cabe señalar que Ramón solicitó de Manuel que le introdujera uno de los dedos por el ano, dedo que este tenía vendado, cuando finalizó la introducción, al sacarlo dejó la venda en el interior de la ampolla rectal. En las manifestaciones de Manuel sobre los hechos, el que quedara el vendaje en el interior le pareció jocoso y se burlaba de ello. En los datos de la autopsia, se detalla y describe la presencia de una “especie de gasa o venda de gasa” en la ampolla rectal.

El 20 de junio de 1968 fue descubierto en la localidad de Chinchón el cadáver de Venancio Hernández Carrasco. Según las primeras investigaciones llevadas a cabo se encontró el cadáver junto al rio y se determinó que cayó al río por accidente, sin embargo, Manuel Delgado Villegas, manifestó a los investigadores que se encontró con Venancio en el campo en la orilla del rio. Le pidió algo de comer, y Venancio le contestó negándose mientras le regañaba diciéndole que trabajase que era joven. Preso de la ira, Manuel le metió la cabeza en el agua y aclaró que no le soltó hasta que se ahogó.

Entre otros detalles cuando declaraba manifestó que “el hijo de puta se quería salir (del río) así que le sujeté la cabeza dentro del agua hasta que dejó de moverse”.

El 20 de junio de 1967, en una casa de campo en Can Planas (Ibiza), se encontró el cadáver de Margaret Helene Boudrie, de 21 años de edad, un crimen del que se acusó en un principio a un estudiante de medicina americano llamado Jules Norton que estuvo en el lugar de los hechos, Manuel Delgado dio noticias de su autoría tras su detención. Manifestó a los investigadores que estaba buscando una casa para robar algo de comida. Al asomarse por la ventana de una de casa vio a la joven desnuda durmiendo en la cama, salto por la ventana a su interior y poniéndose sobre ella, la asfixió con la almohada. Tras esto la violo y, llegó incluso a “lavar el cadáver para borrar huellas”, robó algo de comida y abandonó el lugar.

En Garraf, el 21 de enero de 1964, cuando se encontraba en una playa de la localidad llamada Llorach, Manuel Delgado vio a un hombre durmiendo, cogió una piedra y le machacó la cabeza, robándole la cartera y el reloj. El hombre se llamaba Adolfo Folch Muntaner, tenía 49 años. Cuando le preguntaron el motivo respondió “que lo mató por pena, que vio un hombre desgraciado al que no querían en ningún sitio y que para qué iba a estar en este mundo” así que lo mató. Durante la reconstrucción del crimen realizada por la comisión judicial, llegó a reconocer la piedra con la que mató a Adolfo entre las que se le presentaron.

Llegó a inculparse de varios crímenes en la ciudad de Marsella, donde al parecer dio muerte a varias personas a tiros de metralleta tras encapricharse de una chica. También en París, afirma haber matado a una mujer en las cercanías del Sena, lo que, dada la nula colaboración oficial franco-española en materia policial en aquel entonces, llevó a iniciar contactos de manera extraoficial para intentar averiguar la veracidad de los hechos. Sin embargo, pese a los detalles facilitados por el propio Manuel Delgado, no fue posible la comprobación total de los hechos, ya que en aquellos momentos en Francia hubo varios sucesos de características similares a los relatados por el propio “Arropiero”.

Reconstrucción de uno de sus crímenes
Reconstrucción de uno de sus crímenes

También llega a afirmar haber asesinado en Roma a la dueña de una pensión y su sobrina con similar resultado.

El caso de Manuel Delgado Villegas pasa por ser uno de los más singulares de la historia del Derecho Penal en España y de gran interés criminológico para su estudio.

Solo fue liberado de prisión para ingresar en el hospital psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) donde falleció el 2 de febrero de 1998 de una enfermedad pulmonar crónica (EPOC) debido a su adición compulsiva al tabaco.

José Antonio Rodríguez Vega, “El mataviejas”, otro asesino en serie español

La revista “Quadernos de Criminología” inició en su número 33, una nueva sección que se titúla “Quilers de QdC” que tengo el honor de escribir, en cada artículo intentare acercar al público la persona de un asesino en serie , hoy esta dedicado a José Antonio Rodríguez Vega “El mataviejas”.

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José Antonio Rodríguez Vega, Santander 03/12/57-Salamanca 24/10/2002, es el asesino en serie español al que más muertes se le han logrado atribuir fehacientemente. Fue conocido en primer lugar como el “violador de la moto”, durante la investigación que llevó a su detención como el autor de los “crímenes del albañil” y posteriormente la prensa le bautizó como “el mataviejas”.

Este asesino tiene una carrera ascendente en la que podemos observar como sus delitos van de menos a más hasta llegar a convertirse en el asesino en serie más prolífico de la historia de España.

José Antonio era un individuo con una fijación especial con su madre, una persona muy dominante a la que odiaba, tenía miedo y deseaba sexualmente. Los psiquiatras que lo trataron están convencidos de que fue un niño que sufrió malos tratos por parte de ella, según las declaraciones que realizó en medios de prensa. Una vez en prisión llego a decir “Todos los hombres han sentido alguna vez deseos de violar a su madre”, una relación de amor-odio que marco su vida.

La Sentencia que lo condena expresa textualmente “…con infancia difícil, que siente rechazo a su familia, especialmente a su madre, con dificultad para establecer relaciones con los demás, y presenta una personalidad psicopática desalmada, caracterizada por un embotamiento afectivo y carente de sentimientos, y una perversión sexual múltiple, que le origina anomalías sexuales,..” al mismo tiempo que continua afirmando que los delitos que cometía “lo hacía captando la atención y simpatía de mujeres ancianas que vivían solas”.

José Antonio Rodríguez Vega
José Antonio Rodríguez Vega

Se casó a los 18 años, después de dejar embarazada a su novia Socorro, con la que tuvo un hijo. Sin embargo, a los pocos meses de su boda, fue detenido acusado de un delito de violación consumada y tres en grado de tentativa y lesiones. En ese tiempo era conocido como el “violador de la moto” por utilizar ese medio de huida después de las agresiones sexuales que cometía tapado con un pasamontañas y fue condenado a veintisiete años de cárcel en abril de 1979.

El código penal de 1973 castigaba el delito de violación solo a instancia de parte y permitía a la víctima perdonar a su agresor, así pues, José Antonio escribió varias cartas a sus víctimas pidiéndoles su clemencia, con la ayuda de su madre, la cual llego a entrevistarse con ellas en varias ocasiones, solicitando también el favor para su hijo. Actualmente es impensable que una víctima de violación tenga más relación con su atacante pero, en ese momento, no solo tuvieron contacto con su agresor sexual sino que este, usando unos encantos que, todos los que han hablado con Rodríguez Vega dicen que tenía, aparte de calificarlo como una persona bien parecida y que inspiraba confianza, obtuvo el perdón de todas ellas menos una, lo que unido al buen comportamiento en prisión de José Antonio, hizo que solo permaneciese en la carcel ocho años, saliendo en libertad en noviembre de 1986.

Tras abandonar el centro penitenciario se encuentra con que su mujer se ha separado de él y que ella y su hijo han trasladado su residencia a Barcelona. Al ser una persona agraciada físicamente no tardo en empezar otra relación con una mujer llamada Nieves, que padecía epilepsia. En principio intentó volver a residir con sus padres pero, aunque José Antonio siempre declaró que su madre lo había echado de casa tras golpear a su padre, que en esos momentos tenía una enfermedad terminal, la propia madre declaró que no había consentido que viviese su hijo en casa con Nieves al estar esta soltera.

Casa del matavieejas
Casa del mataviejas

José Antonio y Nieves alquilaron un piso en la calle Cobo de la Torre número 2 de Santander. Un lugar que al finalizar la investigación se convertiría en la casa personal de los horrores del mataviejas.

Al salir de prisión comienza su carrera criminal. Empieza a trabajar vendiendo seguros para televisores y ofreciéndose para reparaciones de albañilería y chapuzas de menor entidad, de esta forma se acercaba a sus víctimas, todas ellas de avanzada edad que vivían solas, ganándose la confianza de las ancianas de las que estudiaba sus costumbres de forma exhaustiva, su conducta queda descrita por Robert Ressler como asesino en serie organizado. El primer asesinato realizado por José Antonio se produjo solo a los cinco meses de salir en libertad.

No solo las estudiaba pormenorizadamente, sino que seguía un patrón establecido. Una vez tenía su confianza, en alguna de las vistitas que les hacía, las agredía tapándoles la boca y la nariz, lo que unido a las grandes manos que poseía y la poca capacidad de resistencia que tenían las mujeres objeto de su deseo, (la más joven a la que agredió tenía 61 años y la más longeva 93), les ocasionaba la muerte por asfixia o edema pulmonar y paro cardiaco sin prácticamente dejar señales de violencia en sus víctimas. Debido a eso y a la avanzada edad de las víctimas, varias de ellas fueron enterradas sin realizar siquiera la autopsia y, de otras, pese a realizarse se decretó muerte natural.

Una vez vencida la resistencia de estas mujeres y de haberles provocado la muerte, abusaba sexualmente de ellas, se avergonzaba de los hechos cometidos y está comprobado que pasaba varias horas con las victimas jugando y lamiendo los genitales, aunque en raras ocasiones llegaba a consumar la penetración.

Después de satisfechos sus instintos, les ponía la bata, abrochándosela hasta arriba y las metía en la cama colocándolas con los brazos cruzados sobre el pecho para después taparlas perfectamente con la ropa de cama.

Para finalizar robaba en la vivienda llevándose cosas de relativo valor y objetos sin importancia a modo de trofeo o souvenir.

El inicio de la investigación se produce tras el descubrimiento del cadáver de Margarita González Sánchez, de 82 años de edad, el l6 de agosto de 1987, que había fallecido 10 días antes, en su domicilio sito en la C/ de la Roca, en Santander, a la que hallaron en la cama, vestida según los testigos como “para salir de paseo” pero sin bragas, y a la que se tapó la boca y la nariz con tanta fuerza que no solo le produjo la asfixia sino que esta se tragase su propia dentadura postiza.

Como luego se supo, esta mujer no era su primera víctima, hubo otras dos anteriores que pasaron desapercibidas. A la primera Victoria Rodríguez Morales, de 61 años y fallecida el 15 de abril de 1987, José Antonio la asesinó después de tener relaciones sexuales, esta vez consentidas, debido a que la víctima se dedicaba a la prostitución.

Casa de Julia Paz Fernández
Casa de Julia Paz Fernández

Sin embargo, fue la muerte de Julia Paz Fernández – de 71 años, fallecida el 19 de abril de 1988, un año después de la primera, en la localidad de Muriegas, apenas a siete kilómetros de Santander-, quien se resistió a su asesino, lo cual le produjo bastantes señales de lucha,  la que dio las pistas sobre la autoría de José Antonio Rodríguez Vega como autor de los crímenes al encontrarse en la casa de la víctima la tarjeta de visita de este como albañil y tras la investigación se averiguó que había colocado una puerta de seguridad en el domicilio de la anciana. Más adelante se constató que había colocado puertas de seguridad en casa de varias mujeres cuyo fallecimiento había ocurrido en circunstancias similares.

Esa tarjeta, llevó a los investigadores de la Guardia Civil que se ocuparon de este último caso a conocer que había sido condenado previamente por varios delitos sexuales y a revisar los casos anteriores. Se procedió a realizar un seguimiento de José Antonio que duró veintiocho días, un servicio perfectamente coordinado entre la Policía y la Guardia Civil, que culmino el 19 mayo de 1988 con su detención.

Durante los primeros días tras ser detenido va aumentando el número de víctimas, en principio tres, más tarde nueve y tras el registro que se efectúa en el domicilio que compartía con su compañera sentimental, se encontró una habitación pintada de rojo en la que, entre muchas cosas de ese color se hallaron numerosos objetos que Rodríguez Vega se había ido llevando de los lugares donde había agredido sexualmente y asesinado a sus víctimas, como alianzas, televisores, pendientes, platos de porcelana y hasta flores de plástico que pertenecían a las ancianas.

Presentada una filmación de la habitación y de los objetos que en ella se hallaban a familiares de las ancianas fallecidas por asfixia en Santander durante aquel año, estos reconocen muchos de ellos y se pueden identificar hasta dieciséis víctimas, no obstante, aun hoy existen casi una treintena de objetos de los cuales se desconoce su titularidad, motivo por el cual es muy posible que a sus dieciséis victimas conocidas haya que añadir bastantes más.

A José Antonio Rodríguez Vega se le juzgó en Santander y fue condenado en total a mas de cuatrocientos cuarenta años de prisión, por dieciséis delitos de asesinato y nueve delitos de abusos deshonestos. Durante el juicio llego a mostrarse como un auténtico divo y no mostró arrepentimiento en ningún momento, llegando incluso a amenazar al psiquiatra García Andrade con asesinarlo tanto a él como a su propia madre cuando saliese de prisión. Durante el juicio expuso que actuaba movido por un sentimiento de odio hacia su suegra y hacia su madre.

Pasó por diversas carceles, empezó a estudiar Derecho, en Carabanchel coincidió con otro celebre asesino en serie, Manuel Delgado Villegas, conocido como “el Arropiero”, con el que llego a tener cierta relación de amistad-competencia, presumiendo cuál de ambos había asesinado a más personas.

El 23 de octubre de 2002, cuando solo le quedan cuatro años para salir en libertad – el Código Penal existente en ese momento únicamente permitía estar treinta años ingresado en prisión -, fue trasladado al centro penitenciario de Topas en Salamanca, desde la cárcel de Almería e ingresó en la tercera galería, destinada a los presos más peligrosos, los llamados FIES, pese a que nunca había provocado ningún problema. Esos presos solo salían al patio de la prisión en grupos de cuatro.

Al día siguiente salió al patio en compañía de Enrique Valle González, alias “Zanahorio”, Daniel Rodríguez Ovelleiro y Felipe Martínez Gallego, tres de esos delincuentes más peligrosos.

José Antonio tenía fama de chivato ya que en el penal de Ocaña avisó de la fuga de un recluso por conseguir prebendas.

A las 11,15 Felipe Martínez Gallego golpea a Rodríguez Vega con una piedra metida en un calcetín, posteriormente Enrique Valle González y Daniel Rodríguez Ovelleiro con unos pinchos, le sacaron los ojos e incluso masa encefálica. Enrique, tras sentarse encima del pecho, continua apuñalándolo en el mismo con el picho agarrado con las dos manos hasta completar 89 puñaladas. Por estos hechos fueron condenados a 13 años de prisión, Felipe solo a cinco, aunque este último también murió en prisión poco tiempo después.

Al entierro de José Antonio Rodríguez Vega, solo acudieron los dos enterradores que tenían la obligación de cavar la fosa común donde reposan sus restos. Nadie reclamó su cuerpo.

FECHA NOMBRE EDAD SOUVENIR
15-04-87 Victoria Rodríguez Morales 61

Un par pendientes, un reloj, dos vestidos, dos faldas, una bata y un jersey y 22.000 ptas.

11-07-87 Simona Salas Menéndez 83

Un San Pancracio, una Virgen con niño, un calzador, dos muñecas y 30.000 ptas.

05-08-87 Margarita González Sánchez 82 Una televisión marca Telefunken, un reloj de caballero, un anillo y 30.000 ptas.
17-09-87 Josefina López Gutiérrez del Anillo 86

Un transistor marca Philips y un reloj de cocina y 6.000 ptas.

30-09-87 Manuela González Fernández 81

Un reloj marca Thermidor, una alianza de oro, una cadena con medalla, y el DNI de la víctima.

07-10-87 Josefina Martínez 84

Una televisión, un radio-cassette y una alianza de matrimonio.

30-10-87 Natividad Robledo Espinosa 66

Una televisión, tres jarritas de cerámica, dos alianzas y un par de pendientes y 15.000 ptas.

16-12-87 Catalina Fernández 93 Una sortija dorada, un colgante de tres vueltas y una cadena dorada y 10.000 ptas.
31-12-87 María Isabel Fernández 79

Dos alianzas de oro

05-01-88 María Landazabal 78

Un portatenedores, un abanico y un llavero con la imagen de la Virgen

20-01-88 Carmen Martínez González 65

Una sortija con piedra azul y un lazo con medalla de la Virgen

11-02-88 Engracia González Aranada 78

Dos llaveros y un billetero con 15.000 pts.

23-02-88 Josefa Quirós Llanos 82

Un termómetro, un barómetro y un plato con la efigie del Papa Pablo VI y 10.000 ptas.

15-03-88 Florinda Fernández Valliciervo 85

Según Sentencia, escucho ruidos en la escalera y huyo sin llevarse nada.

02-04-88 Serena Ángeles Soto Argüelles

85

Un reloj

19-04-88 Julia Paz Fernández 70

Un espejo, una figura de la Virgen de Lourdes, una agenda con bolígrafo y 3.000 ptas.

El asesino de Olot, el asesino en serie del geriátrico

La revista “Quadernos de Criminología” inicia en su número 33, una nueva sección que se titúla “Quilers de QdC” que tengo el honor de escribir, en cada artículo intentare acercar al público la persona de un asesino en serie , en esta primera ocasion hablaremos del asesino de Olot.

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Un asesino en serie se define, por algunas fuentes tales como el F.B.I. de los Estados Unidos, como el asesinato de un mínimo de dos personas con un periodo de enfriamiento entre cada una de ellas que varía según los autores entre las 24 horas y los 30 días. Este periodo de enfriamiento entre víctima y víctima va disminuyendo a lo largo del tiempo debido a que el asesino busca obtener el placer que le produce matar cada vez con más frecuencia.

La definición se adapta a Joan Vila Dilmé, nacido el 26 de septiembre de 1965 en uno de los términos municipales más pequeños de España, Castellfollit de la Roca, en la provincia de Gerona. Un lugar en donde residía en compañía de sus padres, Ramón y Encarnación, hasta el momento de su detención el 18 de octubre de 2010, por asesinar en el Centro de ancianos “La Caritat” de Olot, lugar donde trabajaba como celador, a Francisca Girones, de 85 años, haciéndole ingerir ácido desincrustante.

Francisca Girones llegó a decir que Vila quería matarla, pero no fue escuchada porque el celador estaba bien considerado y, al parecer, trataba bien a los ancianos.

Francisca, tras ingerir el líquido cáustico que le administró el celador, fue trasladada al Hospital de Olot, donde falleció. El médico al ver quemaduras en la boca de la fallecida, avisó a los Mossos d’ Scuadra, lo que propició el inicio de la investigación. Tras declarar como testigo, confesó los hechos de este primer asesinato en el momento de preguntarle por las cámaras de vídeo que lo habían grabado entrando en la habitación de Francisca.

En un principio, una parte de la opinión pública del país, favorable a la aplicación de la eutanasia, intentó justificar su atroz crimen, apareciendo en prensa varias noticias que indicaban que Francisca le había pedido que acabase con su vida; sin embargo, Álvaro Muro, Coordinador de la Unidad de psiquiatría de Cataluña, durante la penúltima sesión del juicio, declaró: “Convirtió la Caritat en su laboratorio de la muerte (…) le suponía una gratificación y le llenaba”, incidiendo en que había actuado con “puntos de sadismo (…) Es un hombre frío, falso, seductor y con una personalidad perversa muy camuflada”. Lo que junto con la manera de matar a sus víctimas, como dice la sentencia: “Les provocó de manera deliberada un sufrimiento extraordinario, que no era necesario para conseguir su muerte”, hace descartar el asesinato por compasión propio de los llamados “ángeles de la muerte”.

El proceso de investigación sacó a la luz alguna irregularidad que favoreció que a Joan Vila no se le descubriese hasta ese asesinato, como que en una residencia como La Caritat con 47 plazas, de las 15 muertes producidas en los dos años anteriores a la muerte de Francisca, 12 se produjeron durante el turno de Joan Vila.

Tampoco fue detectada como señal de alarma que Joan Vila, también según los psicólogos que le examinaron durante el proceso, fuese una persona inadaptada socialmente, que pasó veinte años en tratamiento psicológico, pero que no era un psicópata ni tampoco tenía problemas para diferenciar el bien del mal.

Irregularidades como que la doctora contratada por la residencia extendiese un certificado de defunción a Monserrat Canalias Muntada en el que expresaba como causa de la muerte “fallo multiorgánico” el 25 de septiembre de 2010. Posteriormente Joan Vila confesó haberla asesinado con un cóctel de barbitúricos moliendo diversos medicamentos, cóctel que describió a los investigadores de forma detallada.

Según declaraciones de varios de los familiares de las víctimas, el celador llegó a acudir al funeral de alguna de ellas, mostrándose activo en el consuelo de los parientes de sus víctimas y les contaba todo tipo de detalles sobre cómo había fallecido su familiar. También mostraba los cadáveres de sus víctimas a los hijos; Anna D., familiar de Sabina Maslloren, declaró: “Joan Vila nos dijo que estuviéramos tranquilos,que habían hecho todo lo que habían podido por ella, pero que si no se hubiera muerto hoy se hubiera muerto otro día, que había mil maneras de morir, y dio todo tipo de detalles”, todo ello posiblemente intentando mantener en el tiempo esa relación de poder obtenida con el asesinato.

Joan fue confesando uno a uno los asesínatos, a medida que se presentaban las pruebas de los mismos.

Los últimos dias era tal la pulsión homicida de Joan que a lo largo de la semana previa a ser detenido, asesinó a sus tres últimas victimas, desconociéndose el motivo por el que dejó de utilizar con estas tres últimas personas el cóctel de medicamentos tipo psicofármacos o la insulina que había usado en otras ocasiones y empleó con ellas un método que hacía sufrir mucho más a las víctimas como es el servirse de un producto de limpieza como arma homicida.

Joan Vila durante el juicio
Joan Vila durante el juicio

Durante el juicio Joan declaró que “Moralmente, pensaba que estaba actuando correctamente, aunque legalmente no era correcto”, posiblemente intentando defenderse utilizando esa opinión favorable de parte de la población por justifica r unos crímenes que al principio del juicio muchos tomaban como eutanasia.

En total la sentencia declara probado que Joan Vila Dilmé cometió once asesinatos entre el 29 de agosto de 2009 y el 17 de octubre de 2010, lo que le concede el dudoso honor de convertirse en el tercer asesino en serie español por número de víctimas, solo detrás de José Antonio Rodríguez Vega, el mataviejas de Santander,y Manuel Delgado Villegas, el arropiero, a la vez que comparte idéntico número de víctimas que Francisco García Escalero, el matamendigos.

Centro de ancianos "La Caritat"
Centro de ancianos “La Caritat”

Tras un juicio con jurado, Joan Vila fue condenado a ciento veintisiete años de prisión, de los cuales, veinte años y diez meses son por su último asesinato, el de Francisca Gironés; y trece años y cuatro meses por los asesinatos de Sabina Masllorens y de Montserrat Guillamet, las tres mujeres a las que Joan mató con productos de limpieza.

Por los ocho primeros asesinatos restantes, se le condena a diez años. Es curioso que en las tres condenas por los asesinatos mencionados en el párrafo anterior, estuviese de acuerdo pero que, por los ocho primeros crímenes cometidos por él, llegó a recurrir hasta el Tribunal Supremo, aduciendo vulneración del derecho a la presunción de inocencia, recurso que este Tribunal desestimó.
Actualmente, Joan Vila está cumpliendo dicha condena en el Centro Penitencia rio de Puig de les Basses en Figueras (Gerona), aunque solo pasará un máximo de cuarenta años entre rejas.

VICTIMAS

EDAD

FECHA DE LA MUERTE

METODO UTILIZADO

Francisca Gironès Quintana 85 17/10/2010 Producto de limpieza con ácido desincrustante
Montserrat Guillamet Bartrolich 88 16/10/2010 Producto de limpieza con lejía
Sabina Masllorenç  Sala 87 12/10/2010 Producto de limpieza con lejía
Montserrat Canalias Muntada 88 25/09/2010 Combinación de psicofármacos
Joan Canal Juliá 94 19/09/2010 Combinación de psicofármacos
Lluís Salleras Lloret 84 21/08/2010 Combinación de psicofármacos
Carme Vilanova Viñolas 80 11/07/2010 Combinación de psicofármacos
Isidra Garcia Aceijas 85 27/06/2010 Insulina
Teresa Puig Bixadera 89 14/02/2010 Combinación de psicofármacos
Francisca Matilde Fiol 88 18/10/2009 Insulina
Rosa Baburés Pujol 87 20/08/2009

Combinación de psicofármacos