La AEPD recopila las obligaciones de Protección de Datos a las Administraciones Públicas

Las Administraciones Públicas (AAPP) actúan como responsables y encargados de tratamientos de datos personales en el desarrollo de muchas de sus actividades. Consecuentemente, se van a ver afectadas por las previsiones del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea. En muchos casos, los efectos del RGPD serán los mismos que para cualquier otro responsable o encargado. En algunas áreas, sin embargo, existen especificidades para el sector público.

Agencia Española de Protección de Datos
Agencia Española de Protección de Datos

El RGPD fue publicado en mayo de 2016 y entró en vigor en ese mismo mes. Sin embargo, será aplicable a partir del 25 de mayo de 2018. Las modificaciones que deberán realizarse para alinear la normativa y la práctica de las AAPP con las previsiones del RGPD habrán de estar listas para aplicarse, a más tardar, en esa fecha de 2018.

El impacto del RGPD sobre las AAPP puede sintetizarse en los siguientes puntos:

  1. Necesidad de identificar con precisión las finalidades y la base jurídica de los tratamientos que llevan a cabo. Esta obligación no deriva sólo de la necesidad de cumplir con el principio de legalidad establecido en el RGPD, sino que viene impuesta por el hecho de que las finalidades o la base jurídica de los tratamientos son informaciones que deben proporcionarse a los interesados (arts. 13 y 14 RGPD) y recogerse en el registro de actividades de tratamiento. La identificación de finalidades y base jurídica tiene exigencias adicionales en los casos en que se traten datos de los considerados como objeto de especial protección, que incluyen, entre otros, los datos sobre salud, ideología, religión o pertenencia étnica. El tratamiento de estos datos está, con carácter general, prohibido, y sólo podrá llevarse a cabo si es aplicable alguna de las excepciones previstas en el art. 9.2 del RGPD. Entre ellas pueden destacarse, a los efectos de este documento, el que el tratamiento sea necesario para satisfacer un interés público esencial, el que sea necesario para fines de prevención, asistencia sanitaria o salud pública, o que sea necesario para la gestión de los servicios de asistencia social, en todos los casos en los términos que establezca la legislación española o de la Unión Europea.
  2. En el caso de la actividad de las AAPP será muy habitual que la base jurídica de los tratamientos sea el cumplimiento de una tarea en interés público o el ejercicio de poderes públicos. Tanto el interés público como los poderes públicos que justifican el tratamiento deben estar establecidos en una norma de rango legal.
  3. En los casos en que la base jurídica de los tratamientos sea el consentimiento, éste deberá tener las características previstas por el RGPD, que exige que sea informado, libre, específico y otorgado por los interesados mediante una manifestación que muestre su voluntad de consentir o mediante una clara acción afirmativa. Los consentimientos conocidos como “tácitos”, basados en la inacción de los interesados, dejarán de ser válidos a partir de la fecha de aplicación del RGPD, incluso para tratamientos iniciados con anterioridad.
  4. Necesidad de adecuar la información que se ofrece a los interesados cuando se recogen sus datos a las exigencias del RGPD (arts. 13 y 14). El RGPD obliga a ofrecer una información que es más amplia que la actualmente exigida por la Ley Orgánica de Protección de Datos. Obliga, además, a que esta información se proporcione de forma “concisa, transparente, inteligible y de fácil acceso, con un lenguaje claro y sencillo”. Tanto esta obligación como la recogida en el siguiente punto requerirán la modificación de los documentos que actualmente recogen estas cláusulas informativas y la adaptación de los que se utilicen en el futuro en circunstancias como, por ejemplo, las convocatorias de subvenciones o de pruebas selectivas.
  5. Necesidad de establecer mecanismos visibles, accesibles y sencillos, incluidos los medios electrónicos, para el ejercicio de derechos. Estos mecanismos, en particular cuando se trate del ejercicio por medios electrónicos, deben incorporar procedimientos para verificar la identidad de los interesados que los utilizan.
  6. Necesidad de establecer procedimientos que permitan responder a los ejercicios de derechos en los plazos previstos por el RGPD. En algunos casos será preciso valorar la necesidad de que sean los encargados del tratamiento con los que se haya contratado la prestación de determinados servicios los que colaboren en la atención a las solicitudes de los interesados. En estos casos, esa colaboración debe incluirse en los contratos de encargo de tratamiento.
  7. Necesidad de valorar si los encargados con los que se hayan contratado o se vayan a contratar operaciones de tratamiento ofrecen garantías de cumplimiento del RGPD. El RGPD establece una obligación de diligencia debida en la elección de los encargados de tratamiento que deben aplicar todos los responsables, contratando únicamente encargados que estén en condiciones cumplir con el RGPD.
  8. Necesidad de adecuar los contratos de encargo que actualmente se tengan suscritos a las previsiones del RGPD. El RGPD establece que la relación entre responsables y encargados deberá formalizarse mediante un contrato o un acto jurídico que vincule al encargado. En el caso de las AAPP será frecuente que el encargo de tratamiento se establezca mediante actos jurídicos, por ejemplo en la norma de creación de órganos encargados de la prestación de servicios informáticos. El RGPD exige expresamente que tanto los contratos como los actos jurídicos deberán tener un contenido mínimo que excede del actualmente previsto por la normativa española de protección de datos.
  9. Necesidad de hacer un análisis de riesgo para los derechos y libertades de los ciudadanos de todos los tratamientos de datos que se desarrollen. El RGPD hace depender la aplicación de todas las medidas de cumplimiento que prevé para responsables y encargados del nivel y tipo de riesgo que cada tratamiento implique para los derechos y libertades de los afectados. Por ello, todo tratamiento, tanto los ya existentes como los que se pretenda iniciar, deben ser objeto de un análisis de riesgos. En el contexto de las AAPP se dispone de metodologías de análisis de riesgos focalizadas principalmente en la seguridad de la información. Esas metodologías deben ampliarse para incluir riesgos asociados al incumplimiento de las disposiciones del RGPD.
  10. Necesidad de establecer un Registro de Actividades de Tratamiento. Este registro sustituye, en parte, a la obligación de notificar los ficheros y tratamientos a las autoridades de protección de datos. El RGPD establece un contenido mínimo de ese registro, tanto para responsables como para encargados de tratamiento. El registro podrá organizarse sobre la base de las informaciones ya proporcionadas en las notificaciones de los ficheros existentes. El registro deberá mantenerse actualizado y a disposición de las autoridades de protección de datos.
  11. Necesidad de revisar las medidas de seguridad que se aplican a los tratamientos a la luz de los resultados del análisis de riesgo de los mismos. La normativa española de protección de datos contiene previsiones específicas sobre medidas de seguridad atendiendo básicamente al tipo de datos que se tratan. El RGPD, sin embargo, deja sin efecto esas previsiones, en la medida en que exige que las medidas de seguridad se adecúen a las características de los tratamientos, sus riesgos, el contexto en que se desarrollan, el estado de la técnica y los costes. Puede ocurrir que, tras un análisis de riesgo, y tomando en cuenta todos los demás factores, las medidas de seguridad sean las mismas que la normativa española prevé para un tipo determinado de datos. Pero en todo caso la aplicación de esas medidas no puede derivarse automáticamente de que se traten unos datos u otros, sino que ha de ser la consecuencia de un análisis de riesgos específico para cada tratamiento. En el caso de las AAPP, la aplicación de las medidas de seguridad estará marcada por los criterios establecidos en el Esquema Nacional de Seguridad.
  12. Necesidad de designar un Delegado de Protección de Datos (DPD). El RGPD prevé que todas las “autoridades u organismos públicos” nombrarán un DPD. También establece cuáles habrán de ser los criterios para su designación (cualidades profesionales y conocimientos en derecho y práctica de la protección de datos), su posición en la organización y sus funciones. Prevé, igualmente, que en el caso de las autoridades u organismos públicos puedan nombrarse un único DPD para varios de ellos, teniendo en cuenta su tamaño y estructura organizativa. En consecuencia, como medida previa deben identificarse las unidades en que se integrar el DPD dentro de cada órgano u organismo, su posición en la estructura administrativa y los mecanismos para asegurar que los DPD designados reúnen los requisitos de cualificación y competencia establecidos por el RGPD. La designación del DPD debe comunicarse a las autoridades
  13. Necesidad de establecer mecanismos para identificar con rapidez la existencia de violaciones de seguridad de los datos y reaccionar ante ellas, en particular para evaluar el riesgo que puedan suponer para los derechos y libertades de los afectados y para notificar esas violaciones de seguridad a las autoridades de protección de datos y, si fuera necesario, a los interesados. El RGPD establece, asimismo, la obligación de mantener un registro de todos los incidentes de seguridad, sean o no objeto de notificación.
  14. Necesidad de valorar si los tratamientos que se realizan requieren una Evaluación de Impacto sobre la Protección de Datos porque supongan un alto riesgo para los derechos y libertades de los interesados y de disponer de una metodología para llevarla a cabo. El RGPD establece que, con anterioridad a su puesta en marcha, los tratamientos que sea probable que supongan un alto riesgo para los derechos y libertades de los afectados deberán ser objeto de una Evaluación de Impacto sobre la Protección de Datos. El RGPD determina algunos de los casos en que se presumirá que existe ese alto riesgo y prevé que las autoridades nacionales de protección de datos publiquen listas de otros tratamientos de alto riesgo. También contempla un contenido mínimo de las Evaluaciones de Impacto.
  15. En el caso de tratamientos basados en la consecución de fines de interés público o vinculados al ejercicio de poderes públicos, el RGPD prevé que pueda no llevarse a cabo la Evaluación de Impacto, pese a tratarse de tratamientos de alto riesgo, cuando la norma de base regule la operación o conjunto de operaciones de tratamiento y ya se haya realizado una evaluación de impacto relativa a la protección de datos como parte de una evaluación de impacto general en el contexto de la adopción de esa norma de base.
  16. Necesidad de designar un Delegado de Protección de Datos (DPD). El RGPD prevé que todas las “autoridades u organismos públicos” nombrarán un DPD. También establece cuáles habrán de ser los criterios para su designación (cualidades profesionales y conocimientos en derecho y práctica de la protección de datos), su posición en la organización y sus funciones. Prevé, igualmente, que en el caso de las autoridades u organismos públicos puedan nombrarse un único DPD para varios de ellos, teniendo en cuenta su tamaño y estructura organizativa. En consecuencia, como medida previa deben identificarse las unidades en que se integrar el DPD dentro de cada órgano u organismo, su posición en la estructura administrativa y los mecanismos para asegurar que los DPD designados reúnen los requisitos de cualificación y competencia establecidos por el RGPD. La designación del DPD debe comunicarse a las autoridades de protección de datos. Asimismo, deben establecerse mecanismos para que los interesados puedan contactar con el DPD.
  17. Necesidad de adaptar los instrumentos de transferencia internacional de datos personales a las previsiones del RGPD. El RGPD mantiene el modelo de transferencias internacionales ya existente, pero amplía el catálogo de instrumentos para ofrecer garantías suficientes que no requerirán de autorización previa de las autoridades de protección de datos. Entre estos instrumentos se incluyen los jurídicamente vinculantes y exigibles entre autoridades y organismos públicos. También prevé expresamente que requerirán autorización las transferencias basadas en acuerdos no jurídicamente vinculantes.

Francisco García Escalero “El matamendigos”

La revista “Quadernos de Criminología” tiene una sección que se titúla “Quilers de QdC” que tengo el honor de escribir, en cada artículo intentare acercar al público la persona de un asesino en serie , en esta primera ocasion el protagonista es Francisco García Escalero, alias “el matamendigos”.

Os animo a incribiros en la Sociedad Española de Criminología que edita esta revista, ademas de realizar multiples actividades para el fomento de la #criminologia,  si quereis suscribiros podeis realizarlo en este enlace.

Francisco García Escalero, alias “el matamendigos”, nació en Madrid el 24 de mayo de 1959, en el antiguo hospital de “El cisne”, hoy famoso por ser uno de los hospitales implicados en el llamado caso de los niños robados. Francisco es posiblemente el asesino en serie más estudiado de la reciente historia, dentro del ámbito criminológico y psiquiátrico.

Un criminal que está considerado como un asesino desorganizado, según la clasificación que realiza Robert K. Ressler, fundador de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI.

Este tipo de asesinos realizan los hechos criminales de forma impulsiva, en muchos casos con armas de oportunidad (encontradas en el propio lugar del hecho). Tampoco ocultarán, por lo general, las pruebas de sus delitos, a la vez que tampoco suelen ser personas extrovertidas o sociables. Normalmente disocian los hechos criminales que han cometido y llegan incluso a no recordarlos, aunque también pueden recordar detalles concretos de esas vivencias de forma muy nítida.

Por supuesto, estas clasificaciones no son exactas ya que Francisco García, tal y como se expresó en un análisis la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal de la Universidad de Salamanca dirigido por Francisco Javier de Santiago, Luis Miguel Sánchez, y Silvestre cabezas entre otros, llego a la conclusión de que la personalidad de este asesino es más complicada ya que realizo actos tendentes a dificultar la identidad de sus víctimas como tratar de ocultar sus crímenes quemando los cadáveres, cortando las yemas de los dedos para evitar la identificación de sus víctimas o tirando los cadáveres en un pozo, actitudes que no concuerdan con un asesino desorganizado.

Francisco García Escalero
Francisco García Escalero

Se autoinculpó de 14 asesinatos, aunque su letrado manifestó que algunos de ellos posiblemente no los habría cometido, a la vez que también afirmaba que posiblemente habría asesinatos realizados por Francisco que jamás se llegaría a descubrir su autoría.

La Audiencia Provincial de Madrid en la Sentencia 111/96 declaró probado que Francisco García había asesinado a 10 personas, al mismo tiempo también considera probado los delitos de asesinato en grado de tentativa, rapto y agresión sexual en la persona de Ernesta de la Oca. Para finalizar, también le aplica una falta de hurto, al sustraer el reloj de Mari, no obstante, le aplica la eximente completa aduciendo que padecía trastorno de la inclinación sexual, necrofilia, alcoholismo crónico, esquizofrenia y episodios de intento de suicidio. Los médicos decretaron: “Sólo se puede pensar que el trastorno le impedía actuar en libertad. Que sus actos eran patológicos, una manifestación más de su enfermedad”. Así pues, fue absuelto de todos los delitos cometidos.

Es de tener en cuenta que los asesinatos esclarecidos se basan exclusivamente en las confesiones del propio autor y lo que se ha podido contrastar de las mismas, como el hallazgo de los cadáveres en los lugares que él mismo había indicado. Los tres asesinatos que confesó y que no han podido ser probados son el de una prostituta en San Fernando de Henares llamada María Paula Martínez Rodríguez, Juan José Rescalbo, un travesti que respondía al nombre de Sonia en Barcelona y una anciana que dijo haber matado en el parque del Retiro de Madrid, cuyo cuerpo no se descubrió y de la que no hay más datos.

Francisco García creció en una covacha, que hoy corresponde a la calle Marcelino Roa Vázquez 36, cercano al cementerio de la Almudena, lugar que tuvo una enorme influencia en él ya que desde pequeño acudía al cementerio, metiéndose incluso en los velatorios para ver los muertos, huyendo de los malos tratos que le proporcionaba su padre, un albañil de profesión, que no entendía ni su afición a los muertos (acudiendo al cementerio a altas horas de la madrugada) ni sus diversos intentos de suicidio tirándose a los coches. Varios de los asesinatos cometidos los comete junto a las tapias de este camposanto.

Persona sin formación, desde muy joven merodeaba en las tapias del cementerio y otros lugares cercanos donde acudían las parejas, y donde ejercía el voyerismo, masturbándose compulsamente. Cuando tiene 16 años ingresa por primera vez en un hospital psiquiátrico. Es en esa época cuando empieza a cometer pequeños robos y otros delitos de menor entidad.

En 1973 roba una moto lo que le lleva a acabar en un reformatorio. Es a la salida de este centro cuando, en compañía de otros dos compinches, atraca a una pareja en las proximidades del cementerio de la Almudena, violando todos a la mujer en presencia de su novio. Por este hecho pasa 12 años en prisión, de los 60 a los que fue condenado. Los testimonios de quienes compartieron condena con Francisco le describen, en aquel entonces, como una persona huraña e introvertida, destacando actitudes extrañas en su comportamiento, como tener en su celda pájaros y otros animales de pequeño tamaño, todos ellos muertos. Cuando salió de la cárcel llevaba el cuerpo cubierto de tatuajes, entre los que destaca uno que se hizo famoso durante el proceso: “naciste para sufrir”.

Exhumación en el pozo donde tiro algunas de sus víctimas
Exhumación en el pozo donde tiro algunas de sus víctimas

Una vez que sale de prisión empieza a beber en exceso, hasta llegar a ingerir entre tres y cinco litros de bebidas alcohólicas al día, lo que, unido a la toma de pastillas, en especial Rohypnol, un tranquilizante que llegó a conocerse en los años 80 como la “droga de la violación”. Esta droga produce un sueño rápido, a la vez que un estado de amnesia, que favorecía su utilización en este tipo de delitos, pero que combinada con el alcohol que ingería Francisco García, supone un coctel explosivo.

La Sentencia explica este comportamiento diciendo:  “Francisco García Escalero había ingerido grandes dosis de alcohol y pastillas de Rohipnol antes de llevar a cabo las conductas relatadas en el factum y en este estado Francisco percibe con mayor intensidad aún, esas alucinaciones auditivas que le dicen que tiene que matar, y siente un impulso o según sus propias palabras una “fuerza superior” incontrolable que le lleva automáticamente y de forma inmediata a actuar en ese sentido, y por eso mata y en algunos casos con una violencia desbordada.”

El criminólogo Luis Miguel Sánchez Gil explicó en un artículo* las características del asesino esquizofrénico, que se dan en este caso: “En cualquier caso, el esquizofrénico dejará su sello en la escena del crimen con casi toda seguridad. Esta será caótica, en ella se reflejará sobre todo una gran violencia, estando presentes actos como por ejemplo la mutilación de miembros en la víctima, extracción de vísceras, prácticas sexuales post-mortem, escenarios sangrientos, etc. Este tipo de escenas dejan patente que son personas incapaces de planificar.

A diferencia del asesino psicópata que es frío, calculador y pone su inteligencia al servicio del crimen, el esquizofrénico no controla la escena, la víctima, actúa por impulso, suele emplear armas improvisadas que en multitud de ocasiones abandona en el propio escenario del delito. Tampoco se preocupa por esconder a la víctima ni ocultar sus huellas, y tan solo la quietud de la muerte le produce satisfacción y sensación de control. Concretamente, Francisco García Escalero padecía esquizofrenia paranoide (uno de los cuatro tipos de esquizofrenia), la cual se caracteriza sobre todo por la aparición en el sujeto de brotes psicóticos que, como en este caso, pueden ser del tipo de las alucinaciones.

Particularmente en García Escalero la raíz de la enfermedad estaría, con casi toda seguridad, en el abusivo consumo de alcohol y sustancias psicotrópicas que llevaba a cabo, aunque ya desde pequeño presentó comportamientos extraños, como su profunda admiración a la muerte y lo relacionado con ella, como cementerios o tanatorios.

Toda su vida estuvo vinculada al cementerio de la Almudena
Toda su vida estuvo vinculada al cementerio de la Almudena

Respecto a las alucinaciones que sufría eran de tipo auditivo, posiblemente en un principio serían simples discusiones con personas inexistentes, algo típico en alcohólicos crónicos, pero estas con posterioridad se convertirían en voces imperantes que le daban órdenes de naturaleza homicida.”

Durante los años 1.986/1.987 realiza diversos actos de necrofilia en el cementerio de la Almudena, desenterrando cadáveres y masturbándose compulsivamente. Descubierto en una de esas sesiones, pasó un corto espacio de tiempo ingresado en el Hospital psiquiátrico provincial.

Es en agosto de 1.987, cuando se produce su primer asesinato probado, tras haber pedido limosna en una iglesia de la zona de Retiro en unión de otro mendigo, Mario Román González, compraron varias botellas de Whisky y, después de beberlas junto a unas tapias del cementerio de la Almudena, Francisco García comenzó a escuchar las voces que le empujaban a matar. Francisco cogió una piedra y golpeó en la cabeza a Mario, que estaba tumbado sobre un colchón abandonado. A continuación, con un cuchillo le apuñaló varias veces. Después prendió fuego al cadáver rociándolo con gasolina.

Tres meses después, tras conocer a una mujer que practicaba como él la mendicidad, que se llamaba “Mari” y tenía unos, 40 años, sin saberse más datos, la convenció para subir a una furgoneta DKW que él utilizaba en algunas ocasiones para pernoctar y que llevaba abandonada en un descampado cercano a la calle Alcalá más de cinco años. Una vez dentro de la furgoneta con una navaja le asestó cinco puñaladas. Posteriormente, le cortó la cabeza, le quito el reloj, desconociéndose que hizo con él y prendió fuego a la furgoneta con el cadáver dentro. La cabeza la metió en una bolsa de “El corte ingles” y la llevo consigo durante varios días hasta que la arrojó a un pozo de más de veinte metros de profundidad que se encontraba en la Avenida Arturo Soria, en la tapia trasera de la Iglesia de Santa Gema Galgani. Este lugar se convirtió, junto al cementerio de la Almudena, en el segundo de sus lugares fetiche.

La noche del 4 al 5 de marzo de 1.988, cuando estaba con otro indigente, Juan Cámara Baeza, en un páramo cercano a la Avda. de los Poblados de Aluche, cogió una piedra de aproximadamente 30 kg. con la que golpeó a Juan en la cabeza asestándole después, al menos, cincuenta y cuatro puñaladas.

Justo un año después, el 19 de marzo de 1.989, se encontraba Francisco García con Ángel Heredero Vallejo, al que conoció mientras pedían limosna en la puerta de una iglesia. Tras terminar se dirigieron a una zona cercana a la estación de Atocha, donde le golpeó en la cabeza con una piedra, tras lo cual le propinó 14 cuchilladas, intentando cortarle la cabeza sin conseguirlo. A continuación, con el cuchillo, le cortó las yemas de los dedos de ambas manos.

En el mes de mayo de 1.989, Francisco se encontraba en la zona de Hortaleza con Julio Santiesteban Rosales, otro pordiosero. Con una navaja le apuñaló en el cuello. Mientras estaba aún con vida, le seccionó el pene y se lo puso en la boca, después prendió fuego con gasolina al cuerpo.

Los forenses durante el juicio explicaron: “Algunos datos de sus conductas violentas, como la utilización del pene, las consideramos, más que sexuales, como expresión del dominio animal, de la necesidad instintiva de dominar al otro mediante la muerte y además exponer los atributos de la presa”.

En septiembre de 1.991, se encontraba Francisco García con un tal Juan, del que no se sabe ningún dato más, por tratarse de un sin techo, en un paraje cercano a la M-30, donde cogió una piedra con la que golpeó a Juan en la cabeza, apuñalándole después. Una vez hecho esto, le cortó la cabeza le quitó las entrañas y trasladó el cuerpo hasta la calle Arturo Soria, donde lo arrojó a un pozo.

La noche del 24 al 25 de ese mismo mes, en un paso subterráneo de la Avenida de Brasilia, se hallaba tumbado encima de un colchón abandonado Lorenzo Barbas Marco. Francisco García se abalanzó contra él, golpeándole con una piedra en la cabeza y apuñalándole varias veces. Después prendió fuego ardiendo al colchón y al cuerpo de la víctima.

Un año más tarde, Francisco se dirigió al mismo descampado cercano a la M-30 donde había matado a Juan, en compañía en esta ocasión de Mariano Torrecilla Estaire, al que conoció mendigando por la zona del Parque de las Avenidas, y al que aplastó la cabeza con una piedra y apuñaló varias veces. Tras eso, le cortó un dedo para llevarse su anillo, y le cortó la cabeza, también, al igual que a Juan, le sacó las entrañas y tiró el cadáver en el pozo de la calle Arturo Soria.

Es el día 8 de junio de 1.993, cuando Francisco, y otro mendigo que le acompañaba, posiblemente Ángel Serrano Blanco alias “El rubio”, obligaron a Ernesta de la Oca, una vagabunda esquizofrénica, a acompañarlos hasta un descampado cercano a la calle Corazón de María, donde la desnudaron y obligaron a que les hiciese tocamientos de índole sexual.  Tras eso, la pegaron hasta darla por muerta. Ernesta es la única superviviente de los ataques del “matamendigos”.

No tardó mucho en finalizar su relación con su compañero de correrías, pues un mes más tarde, Francisco mató a Ángel Serrano en un descampado de la Cuesta de los Sagrados Corazones, machacando su cabeza con piedra y prendiendo después el cadáver.

Cuando le preguntaron si había discutido con Ángel para haberlo matado respondió “me llevaba muy bien, pero eso no sé cómo lo hacía. Creo que nunca lo comprenderé”

El día 9 de septiembre de 1.993, Francisco se escapó del Hospital psiquiátrico Alonso Vega, donde había ingresado tres días antes, y lo hace en compañía de Víctor Luis Criado, que padecía también esquizofrenia. Es la única persona asesinada por Francisco que no era un mendigo.

Ambos se dirigieron a las tapias del cementerio de la Almudena, donde Francisco golpeó a Víctor con un objeto contundente en la cabeza, quemando después su cadáver. Francisco relató así lo sucedido: “Lo maté. Estuvimos bebiendo en un parque al lado del cementerio y tomando pastillas, me las pedía el cuerpo para poder hablar mejor”. “Luego le dije dónde íbamos a dormir y en el cementerio sentí las fuerzas, me daban impulsos; allí cogí una piedra le di en la cabeza y luego le quemé con periódicos y me fui a dormir al coche y al día siguiente al Hospital. Ahora me siento con la mente en blanco como si estuviera muerto”

Tras este asesinato, Francisco García Escalero se intenta suicidar en la carretera de Colmenar Viejo, pero solo consigue romperse una pierna, cuando es atendido en urgencias del Hospital Ramón y Cajal, explica a los médicos que había intentado suicidarse porque no quería matar más, a la vista de las afirmaciones de Francisco, desde este hospital se contacta con el psiquiátrico Alonso Vega, que corroboran la fuga del centro y se avisa a la policía para que investigue la realidad de lo que estaba contando Francisco.

Es en presencia del abogado del turno de oficio Ramón Carrero Carraz y dos inspectores cuando el matamandigos comienza a desgranar su historia.

Tras el juicio, se ordena su ingreso en el centro psiquiátrico penitenciario de Fontcalent, donde fue entrevistado incluso en varios medios de comunicación. Famosa es la entrevista que le realizó para el programa “Cuerda de presos” el periodista Jesús Quintero al que llegó a decir otra de las frases que se hizo famosa: ¿Matar? Pues no, no es fácil. Pues porque había algunas víctimas que no se morían así, al momento. Las tenía que dar más.”

Mapa de Madrid con los lugares de sus asesinatos y donde tiró los cadáveres
Mapa de Madrid con los lugares de sus asesinatos y donde tiró los cadáveres

Cuando se le pregunta que hacía después de matarlas, responde “Me tumbaba allí, en el campo, hasta la mañana siguiente. No me daba cuenta de lo que había hecho. Luego me levantaba y me iba”

Falleció sin ver la libertad en la noche del 19 de agosto de 2014.

*Revista “El perfilador” nº 6 – Título del articulo “La huella del esquizofrénico, el matamendigos” autor Luis Miguel Sánchez Gil. año 2011.

Ignacio Echevarria, ¡un héroe! ¿y ahora?

En el día de hoy quiero rendir un homenaje póstumo a Ignacio Echevarria, un héroe que cuando vio a un terrorista agrediendo a una mujer con un cuchillo, no huyo como hicieron muchos, sino que bajando de su bicicleta intento ayudar a una mujer que estaba siendo apuñalada, siendo asesinado traicioneramente con dos cuchilladas por la espalda, regando con su sangre la calle y llenando otra línea más de heroísmo español, siguiendo la senda de muchos otros héroes que cuando todos corren para no ser presa del terrorismo, acuden a ayudar a sus semejantes.

Ignacio Echevarria
Ignacio Echevarria

Los atentados de Londres del pasado día 4 se una a la ya larga lista de atentados yihadistas sufridos por Gran Bretaña el anterior el 22 de mayo en Manchester y otro el 22 de marzo.

Varios Imanes habían realzado proclamas para atentar en suelo europeo durante el ramadán y la consigna al parecer se está siguiendo.

A este atentado se han de sumar, los sucedidos en Australia y Paris ya que curiosamente los hechos sucedidos en España no han sido considerados como terrorismo.

Pese a que medios de prensa han advertido de las amenazas realizadas por ISIS y las llamadas a atentar en España por parte de sus adeptos al hombre que entro en Valladolid durante una boda se le imputa un delito contra la libertad de culto, al protagonista de lo sucedido en Sagunto se le acusa de un delito contra la seguridad del tráfico y al que agredió a varios policías en Hospitalet se le acusa de delito de atentado….

Esperemos que pase lo que queda de ramadán sin más atentados, dediquemonos a poner velitas, flores, banderitas en nuestros perfiles de redes sociales, a decir que todo el mundo es bueno y esperemos el siguiente atentado.

Jornada sobre el Octógono de @SECCIF

En 1843 comenzaron las obras del Presidio Modelo de Valladolid -conocido, popularmente, como “El Octógono”– en el solar donde, hoy en día, se levanta el edificio de la Academia de Caballería.

Jornada sobre el Octógono
Jornada sobre el Octógono

Fue la primera prisión que se construyó en España siguiendo el modelo del panóptico diseñado por el filósofo inglés Jeremy Bentham pero nunca llegó a funcionar como establecimiento penitenciario.

Ahora, sobre los restos de aquel Octógono -destruido por un incendio en 1915-, la Academia de Caballería y la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses (SECCIF) han coorganizado una jornada formativa gratuita, exclusiva para un máximo de 80 personas, de acuerdo con el siguiente PROGRAMA:

09:00 Bienvenida del Coronel Director de la ACAB.

09:15 Visita al Museo de la Academia para ver su espectacular sala de armas y piezas tan singulares como el original de la máquina “Enigma” para cifrar mensajes durante la II Guerra Mundial.

10:30 Conferencia I: El origen de las prisiones: de las mazmorras al panóptico de Bentham.

11:15 Pausa café.

11:45 Conferencia II: La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre reclusos y prisiones.

12:30 Conferencia III: Los delitos del Código Penal Militar.

13:15 Conferencia IV: El régimen disciplinario de la Guardia Civil.

Asistencia gratuita previa confirmación de la inscripción en SECCIF.

Las plazas se reservarán, por riguroso orden: 1) En la sede: Plaza del Viejo
Coso, 7. 47003 Valladolid; 2) Por teléfono: 983 258 225; o 3) por
correo electrónico: cursos@seccif.es