(Tarda en abrirse pero merece la pena)
Lo demandó el honor
y obedecieron,
lo requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la
empresa rubricaron
con su esfuerzo la Patria redimieron.
Fueron grandes y
fuertes, porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso como
valientes lucharon,
por eso como mártires murieron.
Inmolarse por Dios
fue su destino,
salvar a España su pasión eterna,
servir en el Ejército su
vocación y sino.
No quisieron querer
a otra Bandera,
no pudieron andar otro camino,
no supieron morir de otra
manera.
¡Oh Dios!, Padre nuestro y amigo de los hombres, que premias con generosidad los actos nobles de tus criaturas:
A cuantos hicieron oblación de sus vidas en el servicio de España, concédeles tu amistad y el premio de la vida eterna. Y a nosotros, los que caminamos aún aquí en la Tierra, españoles de diversas creencias religiosas y concepciones de la vida, ayúdanos a estar unidos en la construcción de la paz y de la justicia.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.