Miglena Petrova es encontrada

El asesino en serie de la carretera, Volker Eckert

El mundo de la prostitución ha sido un colectivo estudiado por parte de los criminólogos de manera profusa, ya que son muchas las conductas antisociales que se producen en torno al mismo. Conductas que van desde el tráfico de personas hasta el consumo de drogas, sin olvidar, como es obvio, la explotación sexual. Hay que tener en cuenta que las prostitutas, dada su vulnerabilidad, son víctimas fáciles de numerosos delitos, incluido el asesinato.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los investigadores a la hora de estudiar un asesinato de una mujer de este colectivo, es el de la identificación de la víctima, lo cual puede ser en parte debido a su desarraigo social y a las circunstancias del mundo marginal donde se mueven.

En el caso que vamos a relatar no ayudó tampoco a la investigación la falta de coordinación que existía durante el último cuarto del siglo pasado entre los cuerpos policiales de toda Europa y la falta de protocolos estandarizados para la búsqueda de patrones en los delitos a nivel europeo.

El caso que traemos hoy a las páginas de Quadernos de Criminología, es el de Volker Eckert, un asesino y violador en serie itinerante, que utilizando su trabajo como conductor de camiones de gran tonelaje y realizando transporte internacional por toda Europa, asesinó a un mínimo de diecinueve mujeres.

El perfil de sus víctimas también facilitó que durante más de treinta años no fuese descubierto, ya que las mismas eran mujeres jóvenes, delgadas, preferentemente rubias, que ejercían la prostitución, y que aceptaban tener atadas las manos durante el acto sexual. 

Posteriormente o a la vez que tenía sexo con ellas las estrangulaba con una cuerda u objeto similar hasta causarles la muerte. Además, les cortaba un mechón de cabello y hacia fotografías a los cadáveres con una maquina Polaroid. 

Tenía una fijación de tipo sexual-fetichista con el pelo de las mujeres, le gustaba acariciarlo, olerlo, peinarlo, estirarlo… La  firma de este delincuente es precisamente que cortaba un mechón de cabello a las mujeres a las cuales agredía, mechones que guardaba en su camión o en su casa junto con las fotografías realizadas, con el fin de rememorar dichos actos. Cuando fue detenido manifestó que solo de esta manera era capaz de obtener placer sexual.

Durante la evaluación psiquiátrica realizada por el doctor Norbert Nedopil, Volker Eckert, afirmó que ya desde pequeño disfrutaba acariciando el cabello de una muñeca con la que practicó cómo asfixiar. Recreó la fantasía con la muñeca hasta que le dejó de satisfacer, y fue entonces cuando empezó a matar mujeres para seguir obteniendo el mismo placer.

Volker Eckert nació en la localidad de Oeslsnitz, Sajonia, en la antigua República Democrática Alemana, el 1 de Julio de 1959, en una familia de clase media. Tenía otros dos hermanos, un chico y una chica.

En 1974 cuando solo tenía quince años, en la localidad de Plauen, una ciudad cercana a donde residía, asesinó a su primera víctima, Silvia, a la que violó a la vez que la estrangulaba. Una vez que realizó estas acciones, la llevó hasta un bosque cercano y ahorcó su cadáver en un árbol imitando un suicidio y la policía de Alemania Oriental lo registró como tal.

En 1988 fue condenado a doce años de prisión acusado de violación y agresión a tres mujeres. La unificación entre las República Federal y la República Democrática alemanas en 1990 favoreció que su expediente se perdiese, con lo que tras su salida de prisión en 1994 no se le realizó ningún tipo de seguimiento por los delitos sexuales cometidos. 

Se trasladó a la ciudad bávara de Hof, una pequeña población de algo más de 50.000 habitantes y empezó a trabajar primero como pintor y limpiador, y más tarde como conductor en una empresa de transporte internacional de la ciudad de Colonia.

Empezó a recorrer Europa con un camión de gran tonelaje, y durante los doce años siguientes hasta su detención en 2006, realizó frecuentes viajes por Francia, Italia, España y por supuesto Alemania, regando de muerte las carreteras europeas.

Confesó que en Francia había asesinado en 1999 a una meretriz cerca de Burdeos. Asimismo, afirmó a los investigadores que había matado a una prostituta polaca de veintiocho años, llamada Angineszka Bos, en una carretera próxima a la localidad de Laon, en el Departamento de Aisne.

En España, dijo haber asesinado a tres prostitutas. La primera de ellas es Isabel Beatriz Díaz Muñoz, la única con nacionalidad española, originaria del barrio de hermanos Sabat de Gerona capital. Apareció asesinada el 9 de octubre de 2001 en Massanet de la Selva, Gerona. Eckert manifestó a los investigadores que la había contratado en agosto de ese año en una carretera de Lloret de Mar para tener relaciones sexuales con ella.

Su segunda víctima aún se encuentra sin identificar, aunque probablemente procedería de algún país de Europa del Este y tenía entre los 20-25 años. Se la encontró asesinada mediante asfixia el 1 de marzo de 2005 en San Saturnino de Osormot, también en la provincia de Gerona, junto a una carretera situada en el eje Transversal, muy frecuentada por camiones.

El de 2 noviembre de 2006, en un arcén de una carretera de San Julián de Ramis, Gerona, solicitó los servicios sexuales de varias prostitutas, pero todas ellas se negaban al indicarles que para practicar el sexo deberían de estar con las manos atadas. Quien sí accedió fue una meretriz búlgara llamada Miglena Petrova Rahim, nacida en Dobrich, Bulgaria, el 25 de mayo de 1986 que accedió a ello. Una vez realizado el acto sexual la estranguló, con una cuerda, recortó unos mechones de su pelo y le realizó varias fotografías. Acto seguido, se dirigió a la localidad de San Feliu de Llobregat, dejando el cadáver de la mujer en la cama de la cabina del camión, y con mucha sangre fría, sin mostrarse para nada nervioso, descargó las 20 toneladas de plástico que portaba en su camión en la empresa Neoplástica de España.

Una vez terminó condujo su camión Volvo hasta las proximidades del campo de futbol de la cercana población de Hostalric, esperando hasta que cayó la noche. Entonces descargó el cuerpo de Miglena, dejándolo tirado en las proximidades. Acto seguido montó en su camión e inició el camino de regreso a Alemania. Posteriormente se supo que Miglena se encontraba embarazada de tres meses en el momento de su muerte.

La casualidad quiso que una empresa de logística acabase de colocar unas cámaras de CCTV como sistema de seguridad y esta captase la matricula del camión lo que llevo a Lucas Oswaldo Giserman, juez del Juzgado de instrucción nº 3 de Santa Coloma de Farners a pedir una comisión rogatoria internacional a fin de interrogar a Volker Eckert en Alemania.

Fue detenido por la policía alemana en Colonia, Renania del Norte-Westfalia, el día 17 de noviembre de 2006 cuando se disponía a dejar el camión en la empresa para la que trabajaba.

Sus vecinos de la ciudad de Hof le calificaban como una persona “muy amable, educada y solidaria”.

Durante los interrogatorios que tuvieron lugar tras la misma, no facilitó a los agentes otra información que la que estos ya conocían, declarándose autor de la muerte de seis mujeres, tres en España, dos en Francia y, al objeto de no ser extraditado a España, confesó también el asesinato de su primera víctima.

En el interior de su domicilio y en la cabina de su camión se encontraron a modo de trofeos varias fotografías Polaroid, en cuyo reverso había escrito comentarios obscenos, y mechones de cabello. También encontraron ropa íntima femenina de sus víctimas y unas notas manuscritas que describían algunos de los crímenes cometidos. Muchos de estos efectos pertenecían a mujeres que no se han logrado identificar.

En su domicilio se encontró una muñeca hinchable, con una peluca de pelo natural, con la que Eckert se masturbaba mientras apretaba un cordón alrededor del cuello de la misma.

Miglena Petrova es encontrada
Miglena Petrova es encontrada

Una vez que fue detenido, se estableció un grupo de trabajo policial europeo con agentes de Italia, Francia, Alemania, y España a fin de revisar casos sin resolver siguiendo el modus operandi de Eckert durante el periodo en que se considera que estuvo activo este asesino, entre 1974 y 2006, con lo que el número de víctimas posibles podría llegar a ser mucho más alto. 

Una vez detenido, las autoridades italianas, país donde realizaba sus trayectos con más frecuencia, afirmaron que habían encontrado cerca de cuarenta casos de prostitutas asesinadas sin esclarecer siguiendo el modus operandi de Eckert.

La policía alemana, a su vez, afirmó estar investigando tres muertes, dos prostitutas tailandesas de 49 y 54 años y otra mujer de nacionalidad rumana de 22 años, en la ciudad de Hof, donde residía Eckert.

En marzo de 2007, en una reunión de Eurojust, se acordó que Volker Eckert fuese juzgado en Alemania, debido a que era el país “mejor situado para juzgar todos los hechos”.

Al ser detenido expresó a los agentes “estoy tan desquiciado que me siento aliviado por el arresto” y a su vez afirmó “Al fin me habéis detenido, yo no podía parar de hacer esto. Solo así, matando a las mujeres, disfruto del sexo. Sé que esto está mal, que así no podía seguir, y por eso tenía pensado entregarme dentro de un año”.

A los investigadores confesó crímenes que habrían empezado al menos en 1999, también les indicó que empezó a fotografiar a sus víctimas a partir de 2003. 

El 1 de julio de 2007, pasó en solitario su cumpleaños. Nadie le visitó, ni siquiera su hermana con la que se sentía especialmente unido, El 2 de julio de 2007, Volker Eckert, fue encontrado muerto por los funcionarios en su celda en la prisión de Bayreuth, Alemania. Se había suicidado ahorcándose en los barrotes en su celda.

Después de su muerte, la policía encontró pruebas de que Eckert habría matado al menos a nueve mujeres más en Alemania, Francia, España e Italia.

Eriqueta Martí, la asesina de niños que nunca existió

Eriqueta Martí, la asesina de niños que nunca existió

La historia y la leyenda de Enriqueta Martí se forja a través del tiempo gracias a la prensa de principios del siglo XX, había nacido en San Felliu de Llobregat en 1868, aunque a muy temprana edad se traslada a Barcelona donde en principio trabaja de niñera, aunque no tarda en empezar una carrera como prostituta, acabando en la mendicidad, aunque también se la asocia al trabajo de curandera.

Llegó a casarse en 1895, pero no tuvieron hijos, el matrimonio tenia constantes separaciones y reconciliaciones, cuando suceden los hechos que dan lugar a la detención de Enriqueta llevaban más de cinco años separados.

La mísera vida de Enriqueta Martí cambió drásticamente el día 27 de febrero cuando un par de policías de Barcelona con la excusa de que había sido acusada de estar criando gallinas en su casa, algo prohibido entonces, registraron su casa en el entresuelo del nº 29 de la calle del Ponent, hoy Joaquín Costa, encontrando en la misma a Teresita Guitart Congost, una niña de cinco años que había desaparecido el día 10 del mismo mes.

Una vecina llamada Claudina, vio a la niña asomada a una de las ventanas de la casa de Enriqueta y avisó al Policía municipal José Asens que, en compañía de su jefe, el brigada Ribot, procedió al registro del domicilio.

Al parecer había secuestrado a la niña en una calle próxima a su domicilio, la había rapado la cabeza y la amenazó diciéndole que ella era su madre, que ya no tenía padres y que desde ese momento debía responder al nombre de Felicidad.

En el domicilio también se encontraba otra niña menor llamada Angelita, de padres desconocidos, que declaró que junto a ella había otro niño, de unos cinco años en la casa, pero que había visto meses antes a Enriqueta con un cuchillo en la mano en la cocina y que, tras eso, no volvió a ver a ese niño. Esto último hizo pensar a los investigadores que lo había asesinado ya que tampoco Enriqueta dio ninguna versión creíble del paradero de ese niño ni de con que personas lo había confiado.

Se procedió a registrar no solo el entresuelo donde vivía, sino que también se realizaron registros en otros domicilios donde había residido en Barcelona y alrededores, donde encontraron lo que de principio se identificó como huesos humanos, la prensa de la época publicó que en total se encontraron huesos de doce menores. También se encontraron frascos con sangre seca, algunas ropas viejas que la prensa publicó que eran de menores y que se encontraban manchadas de sangre.

En un momento histórico convulso para la cuidad de Barcelona, donde se acababa de producir la llamada Semana trágica los rumores corrían por doquier, imputando a Enriqueta todas las desapariciones de menores que habían ocurrido en los últimos tiempos en Barcelona y alrededores, que no eran pocas, acusándola de haberlos secuestrado para después prostituir a los menores entre personas pudientes de la ciudad y posteriormente asesinarlos para hacer pócimas o vender su grasa al más puro estilo del sacamantecas.

Cada noticia era mas truculenta que la anterior, se llegó a decir que Enriqueta era una mujer que por el día se dedicaba a la mendicidad y por la noche acudía a relacionarse entre la alta sociedad barcelonesa con vestidos y joyas de alto valor, donde alquilaba a los menores para satisfacer los depravados instintos de la alta burguesía.

Toda Barcelona comentaba que tenia en su casa una habitación con gran lujo, sin embargo, vivía en una casa humilde, cuando el periodista del periódico ABC, Luis Antón de Olmet, entró en el entresuelo del nº 29 de la calle del Ponent,concluye tras la visita, Jamás he contemplado nada tan miserable ni tan repulsivo.

Se procedió a su detención e ingresó en la prisión “Reina Amalia”, un centro demolido en 1936, las autoridades aplicaron a Enriqueta algo similar a lo que hoy se conoce como protocolo antisuicidios haciéndola acompañar por varias presas de confianza para evitar que se autolesionase ya que Barcelona bullía con dimes y diretes afirmando que la iban a matar para que no contase quienes eran los supuestos clientes de la alta sociedad que se beneficiaban de los truculentos vicios que ella alquilaba y procuraba. Los habitantes de la ciudad querían que Enriqueta llegase a juicio, develase quienes eran todos sus clientes y, que se la ajusticiase mediante garrote vil.

Existen varias versiones de su muerte, el suicidio fue la primera de ellas, existiendo varias versiones, todas ellas cortándose las venas, con una cucharilla metálica, con un cuchillo de madera e incluso mordiendo sus propias venas.

La segunda versión es que otras reclusas asesinaron a Enriqueta de una brutal paliza.

La última versión y la más probable es que falleció debido a una larga enfermedad, posiblemente cáncer de útero.

Murió el 12 de mayo de 1913, sin haberse producido el juicio que podría haber esclarecido el caso y fue enterrada en una fosa común en el cementerio del sudoeste, en las faldas del monte Montjuic.

Durante casi un siglo, esta sido la historia de Enriqueta Martí la vampira de Barcelona y así se la hemos contado, según pasaba el tiempo la leyenda de Enriqueta Martí crecía convirtiéndose gracias a la prensa de la época y al imaginario colectivo en secuestradora, proxeneta de niños, sacamantecas y la primera mujer asesina en serie de la historia de España, agravado el caso por el hecho de que sus victimas eran niños de corta edad.

Los teatros de la época llegaron a hacer caja exhibiendo en sus espectáculos a las niñas rescatadas, de las garras de la bruja asesina.

Sin embargo, según las últimas investigaciones realizadas por varios autores estos revelan que la historia real pudo ser mucho menos truculenta y novelesca de cómo contaban las madres a sus hijos para meterles el miedo.

Tres autores contemporáneos Elsa Plaza, Jordi Corominas y Salvador García Jiménez han estudiado el caso en varios libros y publicaciones realizados recientemente que niegan los hechos descritos hasta ahora, convirtiendo a Enriqueta Martí en casi una víctima del sistema.

En primer lugar, la única acusación que se produjo contra Enriqueta fue la del secuestro de Teresita Guitart y de Angelita, El abogado de Enriqueta Martí, baso la defensa del caso en que los hechos se produjeron porque Enriqueta no había podido tener hijos y que ello le había ocasionado un daño psicológico que le llevo a cometer el rapto.

En su declaración ante la policía dijo que Angelita era hija de su cuñada a la que hizo creer que la criatura había fallecido en el parto, aunque esto resulta ilógico siendo cuñadas, lo más probable es que se la entregase de motu propio y, cuando suceden los hechos, la cuñada se apresurase a manifestar lo anteriormente expuesto ya que resultaría difícil justificar el que no hubiese sospechado de que Enriqueta tuviese una niña al poco tiempo de haber dado a luz ella a una niña que casualmente no  sobrevivió al parto.

Elsa plaza declara en su libro “Lo único cierto es que Enriqueta secuestró a Teresita por motivos que nunca conoceremos. Su abogado defendió que sufría un trastorno por no poder ser madre. Angelita era su sobrina y ella la cuidaba. Respecto a los huesos, se demostró que eran de una persona de unos 25 años. Ella era curandera y, en aquella época, se pensaba que tener determinados tipos de huesos en casa traía suerte.”

Existen testificales de los médicos forenses que examinaron dichos huesos que afirman que ninguno de los hallados correspondía a seres humanos.

En meses previos a que el caso saltase a la prensa habían desaparecido varios menores y, al parecer poco antes la detención de Enriqueta se había producido una intervención en un burdel donde se prostituía a menores, y en el que podría haber implicados algunos policías y autoridades de Barcelona lo que provocó los comentarios por todo Barcelona de que Enriqueta era quien surtía de niños para las aberrantes practicas sexuales de aquellos. Las últimas investigaciones indican que Enriqueta era la cabeza de turco perfecta para solventar el caso.

Las supuestas pócimas realizadas con sangre, el proxenetismo de niños y el resto de las actividades que se le achacan, quedan prácticamente descartadas porque esas actividades, en su época y actualmente, dan cuantiosos beneficios, sin embargo, Enriqueta vivía en una casa sumamente humilde.

Salvador García Jiménez escribe “Enriqueta Martí se refleja como una pobre diablesa a quien el pueblo, los medios de comunicación y los plumíferos coronaron en el trono de un infierno que se habían inventado”.

Enriqueta esta claro que fue una delincuente, en su historia se mezclan la historia con el imaginario popular, pero en ningún caso se le puede considerar la asesina en serie que hasta hace pocos años se la consideraba, ni siquiera los tribunales de la época le acusaron de ningún crimen, sin embargo, ¡que gran película se podría haber realizado si hubiese sucedido en Hollywood!.

José Ignacio Orduña, el mataviejas de Lesseps

José Ignacio Orduña, el mataviejas de Lesseps

José Ignacio Orduña Mayo, nace en 1953 e inicia su carrera criminal con apenas 24 años, producto de la gerontofilia y la psicopatía que padecía y, que según la sentencia que le condena, le impedía controlarse y le hacía reaccionar de forma agresiva y violenta si se veía rechazado por las mujeres de avanzada edad a las que abordaba con intención de tener sexo con ellas. Cabe una alternativa a la anterior exposición, y es que reaccionase de forma tan violenta debido a la frustración que le ocasionaba no poder culminar la violación, cosa que no consigue con ninguna de sus víctimas, limitándose a realizar tocamientos libidinosos.

Orduña es un asesino en serie. Reúne todas las condiciones que definen al mismo, ya que cometió cuatro asesinatos, con un periodo de enfriamiento entre ellos, pese a que dos de ellos se producen en el mismo acto sin dicho periodo. Otra definición de José Ignacio Orduña es que es un violador en serie violento cuyos actos, debido a la agresividad citada con la que reacciona cuando es rechazado o no consigue culminar el acto sexual, acaban en asesinato en varios de los casos.

Existen muchas similitudes en la forma de actuar entre dos de los dos violadores-asesinos gerontófilos más importantes de la historia de España: José Ignacio Orduña Mayo y José Antonio Rodríguez Vega. Entre otras, el modus operandi empleado como el hecho de llevarse objetos-fetiche del lugar del crimen que luego utilizaban para revivir el sentimiento de placer que les daba la agresión sexual, aunque Rodríguez Vega tiene un modus operandi un poco más elaborado.

De hecho, ambos tienen edad similar. Rodríguez Vega fue condenado por ser el “Violador de la moto” en 1979, año en que fue detenido Orduña por primera vez. Cuando Rodríguez Vega sale de prisión en 1986, se transforma en “el Mataviejas” y comienza a asesinar a sus víctimas.

Los parecidos entre ambos llegan al extremo de que cuando son detenidos, tanto Orduña en 1979, como Rodríguez Vega en 1988, los investigadores constatan que ambos mantienen relaciones sentimentales con mujeres mucho mayores que ellos.

La vida de José Ignacio Orduña transcurría plácidamente, con un trabajo en una pequeña tienda de óptica y fotografía del centro de Barcelona. Hasta que el día 6 de noviembre de 1978 vio en un mercado próximo a su lugar de trabajo a Pilar Odena Sánchez, de 51 años de edad. Desde allí la siguió hasta su domicilio y, entrando con ella, la empujó al interior de su casa, tirándola sobre la cama con intención de agredirla sexualmente, cosa que no consiguió debido a la resistencia de la mujer. Ante la frustración por no haberlo conseguido, la emprendió a puñetazos con su víctima ocasionándole lesiones gravísimas que le llevarán a fallecer casi un mes después. Sin embargo, la mujer fue enterrada sin llegar a hacérsele la autopsia, ya que no constaba en la documentación de fallecimiento que el motivo del fallo cardiorespiratorio de Pilar se había producido a causa de las lesiones infringidas por José Ignacio un mes atrás. De la vivienda de Pilar, su asesino se llevo varias joyas.

Los deseos de José Ignacio eran incontrolables para él, lo que demuestra que solo cuatro días después volviese a agredir sexualmente a otra mujer de avanzada edad. Llamó al timbre de uno de los entresuelos del número 85 de la C/ San Salvador de Barcelona y al responderle la dueña de la casa, que tenía 54 años, se arrojó encima de ella, tirándola encima de la cama, pero como se resistió, la pegó hasta que perdió el conocimiento, no llegando a violarla como era su intención. De la casa, José Ignacio también se llevó dinero y varias joyas.

El 20 de noviembre de 1978, sobre las once y media de la mañana, cuando solo habían pasado diez días desde su última actuación, José Ignacio volvió a intentar satisfacer sus deseos sexuales con una mujer de cuarenta años, utilizando el mismo modus operandi que la vez anterior. La diferencia fue que, mientras la víctima forcejeaba con José Ignacio, el perro que había en la casa empezó a ladrar, lo que provocó su huida. No obstante, le robó el monedero que contenía mil pesetas. Otro de los problemas que encontró en esta actuación, fue que el hijo de dieciocho años de la mujer, escuchó los gritos, y salió en su persecución hasta un callejón donde el agresor le dio un navajazo. Madre e hijo sobrevivieron a las heridas causadas, aunque la mujer tardó casi tres meses en sanar de las mismas.

Acababa de anochecer el día 23 de noviembre. A estas alturas el modo de actuar ya está perfectamente interiorizado en Orduña, cuando tras seguir desde la calle a una mujer de setenta y cinco años, la mujer se resistió hasta perder el conocimiento, no consumándose la violación. La mujer tardo en curar de las heridas casi seis meses. En su huida del lugar, también tiró por las escaleras al marido de la víctima que subía a casa en el momento en el que José Ignacio escapaba. Su agresor se llevó de la casa dinero y algunas joyas que encontró.

José Ignacio asesinó a dos mujeres el 15 de enero de 1979. Siguió desde el paseo de Gracia hasta su domicilio en la plaza de Ferdinand de Lesseps nº 30 a Serafina Díaz de Zulueta, de ochenta años, a la que intentó violar siguiendo la misma forma de actuar que en otras ocasiones, y como las anteriores veces, al resistirse la golpeó con saña hasta llevarla a la muerte. Como el domicilio era compartido por tres hermanas, intentó hacer lo mismo con Mª Ángeles Díaz de Zulueta, de ochenta y un años que también falleció en el trascurso de la agresión. La tercera de las hermanas que se hallaba impedida en una silla de ruedas, Ignacia, que contaba con setenta y seis años, tuvo más suerte y sobrevivió al ataque, aunque con lesiones de gravedad.

Mientras estaba en el domicilio de las tres hermanas, llamaron al timbre de la casa y José Ignacio espero un tiempo que consideró providencial, para que quien estuviera llamando, pensase que no había nadie y se marchase. Pero, al salir, se dio de bruces con un joven que, al verle manchado de sangre, se abalanzó sobre él para detenerle. José Ignacio le asestó varios navajazos, aunque el joven no falleció. Como en otras ocasiones, robó del lugar varias joyas.

Antes de ser detenido agredió sexualmente a otras tres ancianas, actuando de la misma manera, siguiéndolas y agrediéndolas en el propio domicilio de las víctimas. El 8 de febrero a una mujer de setenta y seis años, el 13 de febrero a otra mujer de ochenta y cinco años, y por último el 19 de febrero de 1979 a una anciana de ochenta años. Todas sobrevivieron a los puñetazos y golpes que José Ignacio les propinó. Como siempre, robó algunas joyas y dinero de sus domicilios al finalizar la agresión.

Las joyas fueron recuperadas casi en su totalidad en poder de José Ignacio Orduña en el registro que se produjo en su domicilio, una vez que fue detenido, ya que se dedicaba a contemplar las mismas al objeto de revivir las vivencias de las agresiones sexuales cometidas.

El hecho de su detención se produjo el día 26 de febrero de 1979, y en esta ocasión tras estar siguiendo a una anciana, vio a una niña de ocho años, un tipo de víctima completamente diferente a las que solía atacar, a la que según la sentencia le hizo una caricia y la menor se puso a chillar. Esta respuesta, alertó al publico que había alrededor, lo que ocasionó que José Ignacio se pusieron en fuga. Durante la misma llegó a dar un navajazo a un ciudadano que intentó detenerle. Fue detenido por un Guardia Urbano de la ciudad de Barcelona que había salido en su persecución junto al ciudadano agredido.

Fue condenado a mas de ochenta años de prisión, en una sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 24 de diciembre de 1981, aunque fue puesto en libertad solo dieciocho años después, 1 de marzo de 1997.

Poco tardó José Ignacio Orduña en volver a delinquir ya que el 18 de julio, una mujer de 79 años denunció su violación a manos de un hombre que la había seguido hasta su domicilio en la calle Córcega de Barcelona y una vez allí, la había agredido sexualmente y había robado algunos objetos de valor. También denuncia que la había pegado varias veces. Algunas fuentes revelan que en este caso se dejó una colilla encima del apoyabrazos de un sofá en casa de la víctima. Caso similar fue también denunciado por otra mujer de 94 años, el 29 del mismo mes.

Los agentes realizan una rueda de reconocimiento fotográfico y las mujeres reconocieron a José Ignacio como autor de los hechos. Aun así, todavía tuvo tiempo, de realizar su último crimen. El 10 de septiembre de ese mismo año, siguió a Carmen B.G., de 80 años, de edad en la Calle Valdoncella de Barcelona y una vez allí la agredió brutalmente hasta darle muerte. La acusación hace referencia al móvil sexual, sin embargo, las sentencias consultadas no hacen referencia en este último caso, a ningún intento de agresión de este tipo.

Este último asesinato llego a ser archivado, pero unas vecinas de la víctima reconocieron a Orduña al ver su imagen en televisión, cuando las noticias le identificaban como autor de las dos últimas violaciones relatadas. Fue condenado a veinticinco años de prisión por los delitos de asesinato y robo por un tribunal del jurado, pero no de forma unánime, ya que la condena se produjo por siete votos a favor de la condena y dos en contra. Por las dos agresiones sexuales que cometió en este último periodo fue condenado a otros cinco años de prisión.

En la actualidad está a punto de finalizar su condena y saldrá de prisión como muy tarde en el año 2022.

Paqui, la fogosa, una asesina en serie diferente

Paqui, la fogosa, una asesina en serie diferente

El asesinato de varios miembros de la unidad familiar suele ser cometido en un solo acto criminal y rara vez se puede considerar que es cometido por un asesino en serie, sin embargo, el caso de hoy reúne todas las condiciones expresadas por el agente del F.B.I. Robert Ressler para considerarlo cometido por un asesino en serie ya que durante la investigación realizada por el Cuerpo Nacional de Policía se obtuvieron pruebas de la comisión de tres asesinatos, más otro en grado de tentativa. El mínimo imprescindible para ser considerado como asesino en serie son tres y, entre un asesinato y el siguiente existe un periodo de enfriamiento.

Cuando en 2003 suceden los hechos que llevaron a su detención, Francisca Ballesteros Maravilla, a la que le gustaba que la llamasen Paqui, era una persona bien considerada por sus vecinos, un poco introvertida, pero una buena madre que se preocupaba por el bienestar de su familia, que había nacido en 1969 en Valencia, llevaba diecisiete años casada con Antonio González Barrabino, un funcionario de prisiones de ciudad autónoma de Melilla, ocho años mayor que ella y con el que había tenido tres hijos, Sandra nacida en 1989, Florinda en 1990, que falleció a los seis meses y Antonio que nace en 1992.

A mediados de 2003, Francisca Ballesteros, empezó a entrar en varios chats de internet que a principios de siglo experimentaban un boom en la red de redes, utilizando el nick o apodo de “fogosa” tuvo cierto éxito entre los hombres de aquellos chats, y entabló contacto con al menos tres hombres, a los que dijo ser viuda y que su marido y su hija habían fallecido en un accidente de circulación.

Su marido y sus hijos ingresaron en el hospital en verano de 2003, debido a una intoxicación que Francisca achaco a una inhalación de gases procedentes de una fumigación realizada en el domicilio familiar, sin embargo, ella fue la única de la familia que no llegó a enfermar. A lo largo de la investigación se conoció que fue entonces cuando empezó a envenenar a su familia con un medicamento llamado “Colme” compuesto por cianamida cálcica e indicado para combatir el alcoholismo en adultos.

El último ingreso hospitalario de Antonio, el marido de Francisca se realiza el 6 de octubre de 2003, con fuertes dolores de estómago acompañados de vomito sanguíneo, ingresa en la UVI del hospital de Melilla.

Tras una mejoría, se le da de alta, sin embargo, a su salida del hospital empeoró su estado, pero no volvió al hospital porque Francisca, según se supo posteriormente le suministraba el medicamento ya mencionado, Colme, y a mayores un combinado de varios medicamentos entre ellos Zolpidem (un hipnótico inductor del sueño) y bromazepán (una benzodiacepina de efectos hipnóticos y relajantes), sustancias que fueron detectadas en su cuerpo durante la investigación, tras la autopsia realizada una vez exhumado el cadáver, que le dejaban en estado semiinconsciente hasta el punto de no poder solicitar ayuda médica alguna. Antonio falleció el 12 de enero de 2004, el certificado de defunción expresa como motivo de la muerte un fallo cardiaco.

Un mes antes, en diciembre de 2003, bajo la escusa de realizar pruebas para una liposucción, dice a su familia que se traslada sola hasta Málaga, sin embargo, el lugar de destino era San Cristóbal de la Laguna en Santa Cruz de Tenerife, donde se encuentra con Cesáreo, uno de los contactos que había conocido en los chats de internet. Ambos estuvieron alojados en un hotel y durante ese viaje Cesáreo le pidió matrimonio, este solo sospecho de la sinceridad de Francisca cuando en una conversación telefónica realizada meses después escucho una voz que la llamaba “mama”.

En su declaración durante el juicio, Cesáreo manifestó que Francisca le dijo que antes de casarse, debía regresar a Melilla para vender su casa, también expresó que él rompió la relación con Francisca porque parecía dar largas a la boda sin expresar ningún motivo de peso.

Desde las mismas fechas que empezó a dar cianamida cálcica a su marido, Francisca le suministraba a sus dos hijos, Sandra y Antonio, el mismo medicamento, pero en una cantidad inferior, lo que unido a la ingesta de zolpiden y bromazepán provocó en los mismos un estado de agotamiento generalizado que se prolongó durante ocho meses, con continuos vómitos, pérdidas de conciencia, dificultad para moverse, hablar o pedir ayuda.

A todo ello hay que añadir que Francisca no les daba otra comida más que la sopa o el agua en los que mezclaba la cianamida, sin darles los mínimos cuidados, tanto higiénicos como sanitarios, negándose a solicitar ayuda médica y provocando con su actitud un empeoramiento de los síntomas.

El carnicero del barrio que había acudido a casa de Francisca a cobrar una deuda, tras observar las lamentables condiciones en que se encontraban tanto Sandra como Antonio, le insistió en llamar a una ambulancia o trasladar a los menores a un hospital, ante las excusas y la negativa de esta, decide llamar por su cuenta a los servicios de emergencia.

Los servicios de emergencia que se trasladan a la casa, tras examinar a los dos menores deciden su ingreso en el hospital de Melilla, pero ya no pueden hacer nada por la hija mayor, Sandra que el día 4 de junio de 2004, fallece a causa de insuficiencia hepática y fallo multiorgánico masivo.

Es el propio carnicero, al conocer el fallecimiento de Sandra, ante lo extraño de la resultaba la situación que había observado, acudió a la comisaria de policía para denunciar los hechos que había presenciado en casa de Francisca.

Durante la autopsia de Sandra se descubre el envenenamiento por cianamida cálcica de Sara, lo que provoca la detención de Francisca el día 7 de junio.

La determinación de Francisca para asesinar a sus hijos era tal que estando los servicios médicos en domicilio atendiendo a su hija Sandra, les oculto que su hijo Antonio, se encontraba en un estado similar a su hermana. Tras la muerte de Sandra fue uno de sus tíos quien dio la voz de alarma y fue ingresado, logró sobrevivir al envenenamiento y en la actualidad vive con sus tíos paternos.

En un principio los agentes sospecharon que Francisca, al objeto de contraer matrimonio con Cesáreo o con algún otro de los hombres que había conocido por internet, deseaba deshacerse de su marido y de sus hijos, motivo por el cual los habría envenenado.

En sus primeras declaraciones, Francisca confiesa que había suministrado a su marido y a sus hijos el medicamento llamado “Colme”, justificando el haberle dado ese medicamento a su marido debido a que este se emborrachaba y la pegaba, aunque las declaraciones de quienes le conocían expresan que jamás le habían visto borracho, al mismo tiempo declaraba también que le había suministrado el mismo medicamento a sus hijos Sandra y Antonio porque estaban deprimidos tras la muerte de su padre y querían irse con él.

Francisca también declara que entre los días 21 de junio y 4 de agosto de 1990 administró al menos dos cajas del mismo medicamento con el objeto de matar a su hija Florinda, ya que se le había detectado una minusvalía psíquica y según dijo, iba a tener una vida muy difícil.

Esto motivó también que la investigación se ampliase a todos los fallecimientos de todas las personas que habían tenido contacto con Francisca durante los anteriores veinte años ya que sus padres y sus hermanos habían fallecido en similares circunstancias, no obstante, y debido al tiempo trascurrido se deshecho esta línea de investigación ya que cualquier rastro de veneno ya habría desaparecido.

En ningún momento del proceso contra ella, efectuó signo o palabras de arrepentimiento ni pena por los hechos que había cometido, el juez del caso definió su comportamiento en una entrevista tras el juicio como “frio, refinado y reflexivo”.

El informe psiquiátrico realizado a Francisca durante el juicio expresa que no padecía ningún trastorno psicótico y que estaba «en pleno uso de sus facultades mentales y tenía autonomía total para dirigir su voluntad», también expresa que «Se descartan los trastornos psicóticos y de personalidad», si bien podría tener «algún trastorno moderado, pero no suficiente como para anular sus capacidades volitivas».

La Sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga dictada de septiembre de 2005, hace especial mención a “la crueldad, frialdad y planificación de los hechos, la conciencia y voluntad de los mismos y ausencia de circunstancia que atenúe la consecuencia penológica de los mismos hacen acreedora a Francisca de una pena en su extensión máxima que el tipo delictivo permite” y condena a Francisca Ballesteros por tres delitos de asesinato con el agravante de alevosía y de la de la responsabilidad criminal de parentesco en las personas de su marido Antonio y de sus hijas Sandra y Florinda. También le condena por el asesinato en grado de tentativa de su hijo Antonio a un total de ochenta y cuatro años de prisión.

En la actualidad cumple condena en la prisión de Córdoba.

Romasanta, el hombre lobo gallego

Romasanta, el hombre lobo gallego

El primer asesino en serie identificado en España, nace el 18 de noviembre de 1809, en la parroquia de Santa Eulalia, perteneciente a la aldea de Regueiro, Esgos, en la provincia de Orense. Su nombre es Manuel Blanco Romasanta, al que apodaban “el canicha”.

Bautizado el mismo día de su nacimiento como mujer recibió por nombre Manuela, y con ese sexo vivió hasta que cumplió ocho años, fecha en que, tras el debido proceso, la iglesia procedió a realizar las inscripciones legales para hacer efectivo el cambio de sexo.

Este suceso ha provocado que en la actualidad haya textos que afirman que Manuel padecía hermafroditismo, o sea, que tenía ambos sexos, sin que se hayan podido descartar otras circunstancias como que pudiese sufrir síndrome adreno-genital.

Era un hombre de aspecto agradable y facciones aniñadas, de corta estatura, no llegaba a los 1,40 metros, con marcados rasgos femeninos. Algunos testigos durante el juicio contra él manifestaron su predilección por los trabajos femeninos, lo que resultaba muy raro en aquella época en la zona rural gallega.

Sus padres, Miguel y María, se cree que eran personas adineradas, ya que Manuel sabía leer y escribir, algo muy poco común en la época y solo reservado a las personas más acaudaladas. También se le considera una persona inteligente ya que aprendió varios trabajos como sastre o carpintero.

En 1831 contrajo matrimonio con Francisca Gómez Vázquez, pero esta falleció un año después. Durante ese periodo todos los autores coinciden en expresar que su modo de actuar se realizó dentro de la normalidad. Tras la muerte de su esposa abandonó la parroquia de Santa Eulalia, dedicándose a la venta ambulante por los pueblos.

Se sospecha que, en 1834, mató a un vendedor ambulante con el que había viajado a Portugal, llamado Manuel Ferreiro.

En 1843, casi diez años después, se le acusa de haber dado muerte al alguacil de León, Vicente Fernández, ya que le buscaba para embargarle la tienda que poseía debido a las deudas que había contraído, pero Manuel Blanco huye antes de ser detenido por lo que en octubre de 1844 es condenado en rebeldía a diez años de presidio. El 3 de diciembre de 1844 la audiencia de Valladolidconfirma esta sentencia.

Manuel Blanco Romasanta vuelve a Galicia para ocultarse, instalándose en Rebordechau, Vilar de Barrio, en la provincia de Orense trabajando allí como jornalero. También solía acudir a Portugal, donde adquiría mercancía de contrabando que vendía después en los mercados de la zona. Resulta curioso que el patrón para el que trabajaba en aquellas fechas declarase en el proceso que Manuel “era una persona dispuesta para hacer cualquier trabajo excepto el de sacrificar animales ya que no podía ver la sangre”.

Mientras residía en Rebordechau conoció a Manuela García Blanco, una mujer diez años mayor que él y con una hija de soltera llamada Petra, lo que la había convertido prácticamente en una paria dentro de la sociedad de aquella época. Esta inicia una relación con Manuel que le lleva a recorrer la comarca en compañía de este y de su hija vendiendo quincalla.

La familia de Manuela acoge de buen grado a Manuel Blanco Romasanta. Esta, está compuesta por ella y sus cinco hermanos, Benita, Josefa, María, José y Luis García Blanco. Toda la familia de Manuela se vio involucrada en el caso del que terminaría conociéndose como “hombre lobo”.

A finales del marzo de 1946, Manuel Blanco se lleva a Petra, que en aquel entonces tenía trece años, aprovechando que Manuela se ausenta unos días de casa al objeto de efectuar la venta de su casa y, cuando regresa, Manuel Blanco le comenta que la ha enviado a servir con un sacerdote de Santander.

El 7 de abril, Manuela se anima a seguir los pasos de su hija y entrar a servir a otro párroco de la montaña cántabra, acompañada por Manuel, ambos emprenden el viaje.

Cuando el resto de la familia le pregunta por ambas mujeres, les habla de la buena vida, de las comodidades que disfrutan y del buen sueldo que tienen.

Manuel Blanco Romasanta dirigió sus ojos hacia la hermana de Manuela, Benita, de treinta y cuatro años, con un hijo llamado Francisco. Romasanta se había ofrecido para buscarles un trabajo en Santander y desaparecieron casi un año después de la marcha de Manuela, tras recibir una carta por medio de Manuel en el que esta los animaba a seguir su ejemplo.

Poco tiempo después Manuel Blanco vendió por algunas de las aldeas de la zona diversas prendas de Benita.

Intenta convencer a María, otra de las hermanas de Manuela, que en aquel entonces tenía ya cincuenta años, sin conseguirlo.

Las noticias que Manuel da a los hermanos de Manuela y Benita, y al resto de habitantes de la aldea tras sus viajes, sobre la situación de las mujeres y de sus hijos eran tan buenas que Antonia Rúa Carneiro, otra vecina de la aldea, de treinta y siete años, con dos hijos de soltera, se anima a intentar emprender una vida mejor y el 24 de marzo de 1850, Antonia se va de Rebordechau, llevando en sus brazos a su hija de menos de tres años llamada Peregrina hacia un destino desconocido y, dejando a su hija mayor, de doce años y llamada María Dolores, sirviendo en casa Luís García Blanco, el hermano de Manuela y Benita.  Cuatro o cinco meses después, Romasanta se ha lleva también a María Dolores junto a su madre.

Manuel Blanco consigue seducirJosefa García Blanco, de cincuenta años y que tenía un hijo llamado José, de veinte años, intentando convencerla de que continúe los pasos de sus hermanas le entrega una supuesta carta de su hermana. Como no es suficiente y para conseguir que se pliegue a su deseo de ir a servir a los montes cántabros, le propone que José vaya a casa de sus tías y si le gusta esa vida, ella vaya después.

Pocos días después, José y Manuel salen de Rebordechau camino de Santander. Cuando regresa al pueblo, Romasanta trae puesta la capa de José, la cual venderá en un pueblo próximo al poco tiempo.

El 1 de enero de 1851, Josefa continua los pasos de su hijo tras recibir una carta que le trae el propio Romasanta. Durante las semanas siguientes, Manuel Blanco vende en la comarca diversas prendas que pertenecían a Josefa.

Estas ventas llegan a oídos de los hermanos de las García Blanco, empezando a correrse la historia por la zona de que Manuel Blanco Romasanta había matado a todas las personas antes relatadas para extraerles la grasa y venderla en Portugal, que Manuel era un “home do unto, el sacamantecas”. un personaje alimentado por la leyenda en aquella zona rural del interior gallego que asesinaba a personas para extraerles la grasa y venderla posteriormente para hacer jabones.

Romasanta que se había hecho cargo de las tierras de Antonia, desde su marcha, trabajándolas hasta el 20 de octubre de 1851, momento en el que huye debido a la presión social que le acusa de ser “el sacamantecas”.

Consigue un documento de identidad que le permite viajar con el nombre de Antonio Gómez y huye a Nombela (Toledo), donde se emplea como segador, pero es reconocido por tres compañeros que son naturales de Nombela, un pueblo cercano a Rebordechau.

Trasladado a Verín por ser el juzgado reclamante tras la denuncia de los hermanos supervivientes de las García Blanco, en agosto de 1852 es interrogado y declara no solo el asesinato de todas las personas de las que se le acusa, sino que también se autoinculpa de haber realizado practicas de canibalismo con los cuerpos, en compañía de otras dos personas llamados don Genaro y un tal Antonio a los cuales el tribunal fue incapaz de localizar.

La gran sorpresa para todos fue la respuesta que Manuel Blanco da cuando se le pregunta por el arma utilizada para dar muerte a las personas asesinadas. La respuesta no fue otra que no se valían de armas, sino que, a causa de una maldición, se convertían en lobos durante las noches de luna llena y, transformados de esa manera devoraban a las víctimas y además, que conservaban esa figura durante varios días, llegando incluso a la semana. Es de reseñar que cuando se le detiene portaba entre sus pertenencias un calendario lunar para conocer cuando había luna llena.

Durante el proceso, Manuel Blanco declaró como se producía tal transformación:

“La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo.

Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre”

Romasanta confesó haber asesinado a todas las personas anteriormente mencionadas y a varias personas más de la provincia de Orense en similares circunstancias, no obstante, el Juzgado solicitó informes a todos los ayuntamientos tanto en Galicia como en Santander y otras zonas limítrofes donde pudiesen encontrarse las mismas sin obtener ningún resultado, así pues, el proceso se realiza sin que aparezcan ninguna de ellas, ni vivas ni muertas.

A finales de 1852 el juez de Allariz, donde se había reunido todas las causas contra Manuel Blanco Romasanta, solicita un informe sobre este, en el cual se dictamina que no está loco, ya que “conoce el deber y la virtud y los desoye”.

El 3 de febrero de 1853, basándose exclusivamente en las declaraciones de Manuel, en el hecho de que había vendido diversa ropa y enseres de sus víctimas y, sin haber encontrado el cadáver de ninguna de ellas, el fiscal le acusa del asesinato de:

  • Manuela García y su hija Petra en algún lugar de un monte próximo a la localidad de A Redondela.
  • Benita García y a su hijo Francisco en lo que es hoy el parque natural de la sierra de San Mamede.
  • José Pazos, su madre Josefa García, Antonia Rúa y su hija Peregrina en el bosque de As Gorvias
  • A María Rúa en A Redondela.

Una carrera criminal de dieciocho años con un reguero de muerte de nueve cadáveres, por lo que el 6 de abril de 1853 se dicta sentencia que condena a Manuel Blanco Romasanta, alias “Canicha”, a la pena de muerte mediante garrote vil.

Tras la petición de un especialista en hipnosis llamado Mr. Philips, que solicitó al gobierno de Isabel II le dejase investigar el caso, este ordena que se suspenda la ejecución. No consta que las investigaciones de dicho especialista llegasen a fructificar en conclusión alguna, lo que si consta es la oposición frontal del fiscal del caso a realizar cualquier tipo de examen hipnótico sobre Manuel.

Se redacta nueva sentencia por la Audiencia de La Coruña el 9 de noviembre de 1853, esta condena a Manuel Blanco Romasanta a cadena perpetua, por detención ilegal y no por asesinato, pero el fiscal recurre la misma. El indulto real se produce el 17 de mayo de 1854 y tres días después se dicta la sentencia definitiva condenando a Romasanta de nuevo a pena de muerte.

Empezó a cumplir condena en el presidio de La Coruña, pero Manuel Blanco Romasanta fue trasladado a la prisión de Ceuta. El Código Penal de 1848, expresaba que la pena de cadena perpetua se podría sufrir en África, Canarias o Ultramar.

El periódico “La Esperanza”, publicó el 21 de diciembre de 1863: «Escriben desde Ceuta, con fecha del 16 del corriente, que el desgraciadamente célebre, Manuel Blanco Romasanta, conocido en toda España por el Hombre Lobo, por consecuencia de sus atrocidades y fechorías, y que, juzgado en La Coruña, fue condenado a presidio, falleció en aquella plaza el 14 del actual, a la edad de cincuenta años, siendo víctima de un cáncer en el estómago«.

El sumario del caso se encuentra en el archivo del reino de Galicia en La Coruña, siete tomos que suman más de dos mil folios manuscritos.

Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña

Díaz de Garayo, el sacamantecas de Vitoria

Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña
Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña

El sacamantecas al igual que otros personajes de la cultura popular como el hombre del saco u otros, han servido para atemorizar a los niños durante muchos años, pero cuando la ficción se convierte en la realidad, muchas veces a través del boca a boca de las gentes de los pueblos, el terror puede llegar a amedrantar poblaciones enteras.

El sacamantecas se ha convertido en un personaje utilizado para causar miedo en los niños durante los últimos ciento cincuenta años, aunque en realidad la clasificación correcta de este delincuente es la de violador y asesino en serie ya los destripamientos confesados por él, solo se producen al objeto de intentar alejar de si las posibles sospechas, ya que en aquellos tiempos se habían producido más asesinatos con evisceración de las víctimas.

Para entender el siguiente caso debemos tener en cuenta el contexto histórico del que vamos a hablar, nos encontramos en el último tercio del siglo XIX, en un país con un porcentaje analfabetismo medio de 61,30% del total de la sociedad (1). El propio autor de los crímenes que relatamos a continuación era analfabeto, España estaba inmersa en la penuria económica tras la finalización de las guerras carlistas que se cebaron sobre todo con el norte de España, zona que había apoyado las tesis de los perdedores de las citadas contiendas.

Es en medio de este ambiente cuando el 17 de octubre de 1821 nació en Eguilaz (Álava) Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña, alias zurrumbón, desde muy niño sus padres, labradores de profesión, le pusieron a trabajar de criado en los pueblos de la comarca.

Estando trabajando en casa de un herrero, en 1850, tuvo conocimiento por una amiga que una mujer llamada Antonia Berrosteguieta había quedado viuda en Vitoria, la cual disponía de algunas tierras de labranza y que según las costumbres de la época le era muy necesario casarse de nuevo con un hombre entendido en las labores del campo.

Se presentó ante ella ofreciéndose como criado, llegando a casarse con ella en 1850, esto produjo que el apodo por el que se conocía a su ahora esposa, Zurrumbona, apodo que le venía de su primer marido, se trasladase a él mismo conociéndosele por el mismo desde ese momento.  Con esta mujer estuvo casado durante trece años y tuvo cinco hijos, aunque solo sobrevivieron tres, cuando fallece la mujer en 1863 es cuando su comportamiento cambia.

Contrajo posteriormente nupcias, una tras otra, con otras tres mujeres, la segunda y tercera mujer fallecieron al poco tiempo de casarse con él por diferentes motivos, sin embargo, con todas ellas las riñas fueron constantes, Juan en sus declaraciones acusa a las mismas de dilapidar el dinero y gastárselo en vino, llegando sus hijos a salir de casa incluso como vagabundos con tal de salir de aquel lugar.

La única que le sobrevive es su cuarta mujer, Juana Ibisate, una mujer con la que contrajo nupcias solo un mes después de la muerte de la tercera, y como ya hemos dicho, tenía fuertes discusiones con ella acusándose mutuamente de dilapidar el dinero, estas discusiones se produjeron entre ambos esposos incluso delante de los Guardias, con Juan ya detenido

Juan Díaz de Garayo era una persona fácilmente reconocible debido a que tenía una cicatriz bajo las cejas y era estrábico del ojo derecho, sin embargo, consiguió eludir la acción de la justicia durante casi diez años.

Su primer asesinato se produce el 2 de abril de 1870, y se produce por una discusión con una prostituta apodada la valdegoviesa a raíz del precio del servicio, ahogándola en un arroyo próximo al lugar donde se encontraban a las afueras de Vitoria, algunos autores expresan que la violó una vez muerta.

Casi un año después, el 12 de marzo de 1871, se encontró con A.S., alias la riojana, esposa de un hombre que se hallaba en prisión y que por ese motivo se veía obligada a prostituirse con la que, tras discutir también por el precio de las relaciones sexuales, la violó y estranguló.

Marchando por el camino que iba desde Vitoria a Gamarra Mayor el 21 de agosto de 1872, paso al lado de una joven criada de 13 años a la que agarro del cuello dejándola inconsciente, tras ello la violó y acabo de estrangularla, dada la juventud de su víctima este asesinato ocasionó una gran alarma social en la zona.

No obstante, una semana después, el 29 de agosto de 1872, y pese a esa alarma social, en la salida de Vitoria por la zona llamada de la Zumaquera, violó y asesinó a una prostituta de 23 años a la que apodaban la morena clavándola en el corazón una aguja que utilizaba la propia víctima para sujetarse el pelo, Por este crimen se detuvo a un soldado, pero tras las indagaciones oportunas y, ante la falta de pruebas fue puesto en libertad.

Su quinto ataque se produjo en las proximidades de un polvorín del ejército, ubicado en la zona de Errekatxiki junto a un arroyo del mismo nombre y sucedió un año después, en agosto de 1873, tras tener relaciones con otra prostituta, intento estrangularla, sin embargo, sus gritos alertaron a la guardia del acuartelamiento que acudieron a socorrerla por lo que Juan se dio a la huida sin llegar a matarla. Sin embargo, tampoco lograron capturarlo.

En junio de 1874, en la misma zona en la que mató la morena dos años antes, ataco a una mujer de avanzada edad que se dedicaba a la mendicidad pero que al intentar Juan forzarla se resistió gritando, acudiendo en su auxilio otras mujeres, y este huyo. La mujer que lo conocía no lo denuncio.

El 2 de enero de 1878, en Mendiola, a poco más de siete kilómetros de Vitoria, apareció una mujer destripada con profundos cortes de arma blanca en el pecho e incluso, una mano cortada, y aunque este asesinato se le ha atribuido a Juan Díaz de Garayo, jamás fue reconocido por él.

Un mes después, el 28 de febrero de 1878 en Vitoria, una niña de 11 años fue atacada en su propio domicilio por un hombre que la violó y produjo posteriormente graves heridas con arma blanca en el vientre, su madre logro hacer huir a su agresor. Y la niña falleció pocos días después, su madre reconoció como autor a un hombre de 75 años, que fue ejecutado el 19 de mayo de 1880, se desconoce la mujer asesinada en Mendiola era otra víctima de este asesino, Juan negó siempre ser también el autor de este suceso, pero algunas fuentes se lo imputan.

Su siguiente agresión, realizada el 1 de noviembre de 1878 dio con los huesos de Juan en la cárcel al intentar agredir sexualmente a una molinera, ya que esta consiguió zafarse de él, se le condeno a dos meses de cárcel, pero no se sospechó de él por los otros hechos antes descritos.

Su décima víctima fue una mujer de avanzada edad a la que intentó agredir sexualmente el 25 de agosto de 1879 en las proximidades de Vitoria, sin embargo, la mujer se defendió golpeándole en los testículos, Juan huyo a Vizcaya, mandando a su mujer a que ofreciese una indemnización muy elevada para aquella época, 20 pesetas a condición de que no le denunciase

Una vez se aseguró de que la mujer anterior no iba a denunciarle, se puso en camino a Vitoria y menos de quince días después, el 7 de septiembre de 1879, cerca de Murguía caminaba en la misma dirección que una criada, la alcanzo proponiéndola relaciones sexuales, pero como esta se negó, la realizo varios cortes en el pecho y en el vientre, escondiendo el cadáver en las proximidades.

El duodécimo y último asesinato de Juan Díaz de Garayo se produjo cerca de Araca al día siguiente, en este momento se puede decir que ya no dominaba sus instintos, se cruzó con una mujer de 55 años, a la que también propuso tener sexo, sin conseguirlo, al final la ahorco con su propio delantal para posteriormente destriparla, según declaró para alejar las sospechas de su persona. Varios autores de la época aseguran la existencia de otros asesinos que podrían dar la razón al propio Díaz de Garayo, en el sentido de que había otro asesino destripador y que lo que pretendía era alejar de si las sospechas, Los hechos relatados anteriormente sucedidos el 2 de enero y 28 de febrero de 1878 también le dan la razón.

A estas alturas todos los medios de los que se disponían estaban intentando dar con el autor de semejantes atrocidades, el Cabo Comandante de Puesto de Murguía tomó declaración a un joven que manifestó haber visto a Díaz de Garayo en compañía de la última de las víctimas, a la vez que se descubría el pago de las 20 pesetas a la anciana anteriormente citado, con todos esos datos el Juez de 1ª Instancia ordenó su detención, es el 21 de septiembre de 1879 cuando regresa a Vitoria y uno de los aguaciles de la ciudad le detiene.

Aunque tardó varios días en venirse abajo, al final confeso los hechos relatados, durante el proceso solo dos personas lo visitaron su hija y su última esposa.

En el momento en el que era juzgado, se había extendido por toda Europa nuevas teorías criminológicas como la corriente antropológica del delincuente cuyo máximos exponentes son el médico Cesare Lombroso, el penalista Enrico Ferri y el magistrado Raffaele Garofalo entre otros, lo que motivó que fuese examinado por numerosos médicos y especialistas, sin embargo en la declaración del director del manicomio provincial de Toledo dictaminó que “Juan Díaz de Garayo era un imbécil, que los hechos juzgados fueron ejecutados bajo la influencia de una locura parcial o monomanía de accesos intermitentes, con largos periodos pseudo-lucidos”

Fue condenado a dos sentencias de muerte, y recurrido hasta el Tribunal Supremos que ordeno la ejecución de la Sentencia, finalmente Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña fue ejecutado mediante garrote vil el 11 de mayo de 1881 en Vitoria.