el ametrallamiento de Gregorio Posadas Zurron

el dia 3 de abril de 1974, en la localidad de Azpeitia (Guipúzcoa), fue ametrallado el cabo primero de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, natural de Villaferueña (Zamora), de 33 años de edad, casado y padre de dos hijas.

Lugar del atentado a la llegada de las Fuerzas de Seguridad
Lugar del atentado a la llegada de las Fuerzas de Seguridad

El asesinato se produjo en la localidad de Azpeitia (Guipúzcoa), José Antonio Garmendia Artola, «El Tupa»; y Francisco Javier Aya Zulaica, «El Trepa»; llegaron a España diez dias antes del atentado, en un fueraborda conducido por un francés, desembarcando en las cercanias del faro de Fuenterrabia.

Tras adquirir de íngel Otaegui Echevarria, detallada información de Gregorio Posadas, a las seis de la tarde del miércoles 3 de abril de 1974, los dos etarras se apostan en la calle Juan XXII de Azpeitia, a unos cuarenta metros de los locales de la sociedad Aranza, en dicho lugar la calzada se encontraba en mal estado de conservación y, en consecuiencia los vehiculos se veian en la necesidad de reducir la velocidad, recorrido habitual del cabo primero Gregorio Posadas.

Gregorio Posadas Zurron
Gregorio Posadas Zurron

Cuando hace acto de presencia conduciendo su vehiculo SEAT 850, los dos activistas, le reconocen inmediatamente y le hacen señas para que se detenga. Momento éste que es aprovechado por Aya Zulaica y Garmendia Artola para esgrimir sus pistolas ametralladoras de fabricación extranjera, tipo Marieta, disparando a quemarropa sobre la victima.

Una vez ejecutado el Guardia Civil, huyen en una moto Vespa, estacionada con anterioridad en las inmediaciones de la variante de Azpeitia con Cestona, pasadas las vias del ferrocarril de Urola, en el camino a seguir en la huida.

En las afueras de la localidad de Santa Engracia, y una vez abandonada, son recogidos por Félix Eguia con un vehiculo. Luego los escondió hasta que pasaron a Francia. Trasladado inmediatamente en estado muy grave al Hospital Militar de San Sebastian, Gregorio Posadas Zurrón, falleció pese a los auxilios prestados, a consecuencia de las heridas recibidas, tenia alojada una bala en la cabeza, sobre las ocho de la tarde.

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El secuestro y asesinato de tres trabajadores

Fernando Quiroga Veina
Fernando Quiroga Veina

Jose Humberto Fonz Escobedo, Jorge Garcia Carneiro y Fernando Quiroga Veina, tres emigrantes gallegos, que acudieron al Pais Vasco para labrarse un futuro. Uno de ellos habia conseguido ser agente de Aduana en la localidad fronteriza de Irún, otro habia conseguido trabajo como transportista y el tercero todavia se encontraba sin trabajo, todos ellos se sintieron pronoto arraigados en las tierras vascas

El 24 de marzo de 1973 cayó en sabado. Jorge, Fernando y Humberto fueron a comer a casa de la hermana de éste. Después, tras una partida de cartas, se despidieron. Habian decidido ir a San Juan de Luz para ver la pelicula «El último tango en Paris», prohibida en la España franquista. Lo que fue un «hasta luego» se tradujo en un «adiós para siempre».

A la salida de la pelicula, los infortunados jóvenes decidieron tomar una consumición en el establecimiento «La Licorne», de San Juan de Luz, capital del «santuario» etarra. Alli se toparon con un grupo de etarras. Entre ellos, el entonces dirigente Tomas Pérez Revilla, alias «Tomas» y «Hueso», asi como sus secuaces: Manuel Murua Alberdi, «El casero»; Ceferino Arévalo Imaz, «El ruso», y Jesús de la Fuente Iruretagoyena, «Basacarte».

Jorge Garcia Carneiro
Jorge Garcia Carneiro

Como si de una pelicula del lejano Oeste se tratara, los terroristas, que iban armados, se enzarzaron con los «forasteros», a los que confundieron con policias españoles. Tras un forcejeo que alcanzó el nivel de pelea y tuvo continuidad en el aparcamiento, los pistoleros finalmente pudieron reducir a los jóvenes gallegos y secuestrarlos. En dos vehiculos, uno de ellos propiedad de Humberto, se los llevaron a una granja, entonces llamada La Sarre, situada en las afueras de Saint Paleis, propiedad de ETA. Pese a que el establecimiento se encontraba abarrotado en esa tarde-noche del sabado, nadie, ni clientes ni camareros, ni vecinos de la zona, oyeron o vieron «nada». Se habia impuesto la ley del silencio.

Jose Humberto Fonz Escobedo
Jose Humberto Fonz Escobedo

Ante la falta de noticias, los familiares, angustiados, presentaron el lunes siguiente la correspondiente denuncia. Temian que los tres jóvenes se hubieran precipitado al mar por algún alcantilado de la costa. La Policia francesa rastreó le zona, y poco mas. Ni un interrogatorio a los terroristas, que disfrutaban de impunidad cuando los rumores sobre la posible autoria de ETA tomaba cuerpo de sospecha y, después, de noticia confirmada.

Con cuentagotas llegaban datos a la Policia española. En efecto, los terroristas liderados por Pérez Revilla habian interrogado a los tres jóvenes gallegos. Querian arrancarles una confesión para acusarles de ser agentes de las Fuerzas de Seguridad. Nada, porque no lo eran. Intentaron obtener datos acerca de la misión que les habia llevado a su «santuario». Nada de nada, porque habian ido simplemente a divertirse. Pretendian obtener informes acerca de los conocimientos que tenian de la banda. Poco, porque sólo sabian lo que se publicaba en los censurados periódicos de la época. De los golpes, a la tortura mas cruel. Mikel Legarza, «El lobo», que en aquellos años se habia infiltrado en ETA, relata que el ex dirigente José Manuel Pagoaga, «Peixoto», le confesó que a los tres les habian sacado los ojos con destornilladores.

A medida que se afianzaba la hipótesis de ETA como autora del crimen, disminuia el interés de las autoridades francesas por esclarecerlo, para no irritar a la amplia colonia terrorista a la que amparaba en su territorio. Si nula fue la investigación en Francia, el vehiculo de Humberto estuvo circulando impunemente durante un tiempo por el santuario etarra con matricula de Zaragoza, tampoco se hizo mucho en España. Las pesquisas se limitaron a interrogar, en 1974, al pistolero Jesús Maria Zabarte Arregui. Este etarra, que tras ser amnistiado participó en una treintena de asesinatos, declaró entonces que le habia preguntado a Pérez Revilla por los jóvenes gallegos y que el dirigente le habia respondido que cuanto menos supiera, mejor. La Policia también interrogó a la novia de Jorge, para que testificara que su prometido no tenia motivos para haberse ido de manera voluntaria.

El juzgado de Irún decidió en octubre de 1975 archivar el caso por falta de pruebas. Hoy siguen sin aparecer los cadaveres.

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Coche bomba en Madrid, muere Jesus Rebollo Garcia

La organización terrorista ETA asesinó ayer a un policia municipal e hirió a otras cinco personas en un atentado trampa dirigido contra la policia, al hacer explotar un coche bomba en una calle peatonal próxima a la plaza Callao y junto a varios centros comerciales en pleno corazón de Madrid como son Galerias Preciados y laFNAC.

Los bomberos en el lugar, momentos después del atentado
Los bomberos en el lugar, momentos después del atentado

El agente fallecido, Jesús Rebollo Garcia, de 39 años y con cuatro hijos, murió a consecuencia del impacto en la cabeza de un pedazo de papelera que fue a parar contra él cuando vigilaba, a casi cien metros del coche bomba, un segundo cordón policial para velar por la seguridad de los ciudadanos. La capilla ardiente con los restos mortales del funcionario, con un brillante historial policial y en posesión de la maxima distinción de la policia municipal, quedó instalada en la tarde de ayer en la jefatura de la policia local de Madrid, y su cadaver recibira sepultura hoy.

El atentado se produjo a las 7.15 horas de forma «inhabitual» en el «modus operandi» de ETA, ya que desde las 6.30 de la mañana un supuesto miembro de la banda armada
anunció la colocación del coche bomba en cuatro llamadas distintas (Cruz Roja, bomberos, policia municipal, y cadena Ser). Los cuerpos policiales acordonaron la calle Carmen, que es peatonal, cuando comprobaron que un Opel Omega, el mismo coche cuya matricula habia facilitado el terrorista por teléfono, se encontraba aparcado frente a una puerta del centro comercial Fnac, de capital francés. A continuación, desalojaron a los empleados de todas los comercios cercanos, entre ellos también los que ya se encontraban en el colindante edificio de Galerias Preciados.

Lugar donde sucedió el atentado
Lugar donde sucedió el atentado

La expiosión sobrevino a las 7.15 horas mediante un temporizador que los terroristas habian instalado en el automóvil, con el fin, según sospecha el Ministerio de Justicia e Interior, de asesinar a los policias que se encontraran alli para desactivarlo y proteger a los ciudadanos.

La carga del coche bomba, unos 60 kilogramos de amosal y un bidón grande de gasolina colocado junto al vehiculo, ocasionaron una gran explosión y una columna de humo que se elevó por entre los edificios de Callao. El agente Rebollo cayó instaneamente al suelo, tras ser alcanzado por un trozo de papelera de hierro forjado que la explosión arrancó e cuajo y que, a consecuencia del «efecto cañón» que adquirió la onda expansiva, recorrió la calle Carmen en dirección a la Puerta del Sol.

Según explicó después la policia municipal, el funcionario se encontraba «a una distancia suficiente que parecia garantizar su seguridad», aunque «la estratégica situación del coche, colocado entre dos papeleras con estructura metalica, hizo que éstas actuaran como metralla, alcanzando al policia».

Un equipo de los servicios sanitarios de urgencia del Ayuntamiento, Samur, intentó salvar la vida del agente, quien finalmente falleció una hora después del atentado en el hospital Clinico.

La onda expansiva causó heridas a otros dos agentes municipales, un policia nacional, un vigilante jurado y un transeúnte El Policia nacional Francisco Gil Pardo, resultó herido y fue trasladado al hospital Gregorio Marañen con cortes en el cuero cabelludo y heridas en las manos y la espalda, pero fue dado de alta ayer mismo al mediodia.

En el propio lugar del atentado, otras cuatro personas fueron atendidas de lesiones leves: los también policias municipales Francisco Javier Quintana Garcia y Agustin López Jiménez, el vigilante jurado Mariano Santos Duque, y la transeúnte Carmen Rodriguez Diez.

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