Cuando ETA te mata a un hijo
ILDEFONSO OLMEDO
Aún hoy, pasados ya 22 años, Carmen Carballo necesita una dosis diaria de antidepresivos para seguir viviendo.
Quiza no haya casa mas florida que la suya en todo San Vicente de Alcantara (Badajoz). Hay plantas que cuelgan del balcón, hortensias y buganvillas en un parterre frente a la puerta de la calle y macetas que rebosan vida en el patio interior. Pero su jardin mas mimado lo tiene Carmen en el cementerio.
En la tumba de su niño nunca faltan macetas. «A veces voy y lloro nada mas; otras veces le arreglo las plantas», dice. En la rutina de su peregrinar diario al camposanto ella, con sus 62 años y un vacio viejo, distingue entre «dias buenos y dias malos».
El domingo, tras saber del atentado en la casa cuartel de Santa Pola, fue de los dias malos, pesado y desgarrador como aquél de primavera de 1980 en el que recorrió media España -de Guipúzcoa a Badajoz- tras un furgón fúnebre.
Cada vez que muere un niño a manos de etarras, a Carmen se le abren las carnes y se toca el escapulario que le cuelga del cuello con la foto de su pequeño.El domingo pensó también en los padres de Silvia, la niña de seis años asesinada, y se vio a ella y a su marido, Antonio Piris, 22 años atras. «¿Consejo? Que pase el tiempo, no hay medicina para este dolor».
Carmen Carballo es la desconsolada madre del primer niño asesinado por ETA. Se llamaba José Maria Piris Carballo, tenia 13 años y, hasta que el 29 de marzo de 1980 el hacha y la serpiente se cruzaron en su camino, crecia alegre en Azcoitia (Guipúzcoa), adonde sus padres emigraron en 1973 en busca de un trabajo en las acerias de la zona.
Un artefacto explosivo, caido de los bajos del coche de un vecino guardia civil, atrajo aquella mañana de sabado la atención del niño, que regresaba de jugar un partido de fútbol con los compañeros del colegio que los padres mercedarios regentaban entonces en Azcoitia. «Le encantaban los imanes y vio dos en aquella maldita bolsa de deportes», llora todavia la madre.
Aquello fue el principio de lo que, con los años, se ha convertido en una verdadera matanza. Hasta 22 menores han fallecido desde entonces a consecuencia de los atentados de la banda terrorista.El promedio es escalofriante: un niño por año.
EN LAS CASAS CUARTEL
En dos ocasiones ETA convirtió las casas cuartel de la Guardia Civil en trampa mortal masiva para los mas inocentes. La primera fue en 1987, en Zaragoza, con cinco niñas de entre 4 y 12 años muertas entre los escombros.
Fue ese el año de Hipercor, con cuatro infantes entre las victimas. Después vendria lo de Vic, 1991, en Barcelona. Otra vez cinco menores asesinados. Pero las cuentas infantiles del terror etarra no sólo incluyen a hijos de guardias civiles (12 de los 22). Dos eran hijos de policias, otros tantos de militares y seis, entre los que se cuenta José Maria Piris, ajenos a cualquier vinculación con fuerzas uniformadas.
Silvia Martinez Santiago, la última de la particular lista de Herodes que sigue engrosando ETA, era hija de un guardia civil.Si José Maria Piris regresaba a su casa de jugar un partido de fútbol cuando fue asesinado, la pequeña de seis años se encontraba en familia cuando el coche bomba estalló el pasado domingo junto a la casa cuartel de Santa Pola (Alicante). Ni siquiera oyó la explosión: la niña bailaba en su propia habitación al ritmo de la música que unos cascos de CD vertian en sus oidos. Fuera, en la calle, el artefacto segaba la vida de Cecilio Gallego, de 56 años, que esperaba en la parada de autobús.
Quienes la conocieron dicen que Silvia era una cria con duende.Y esa tarde se lo estaba demostrando, con su alegre desparpajo, a los tios venidos desde Muchamiel, en la misma provincia de Alicante. También la miraba bailar, desde los brazos de su padre, su primo Borja, de tres años y medio. El pequeño, que pasó varios dias hospitalizado a causa de las heridas que sufrió, aún cree que todo se debió a que explotó un ordenador. «¿Qué niño malo ha hecho esto?», preguntó con inocencia para recibir por toda respuesta la mentira piadosa que sus padres tuvieron que improvisar.
Borja es demasiado niño para entender nada, salvo que su prima Silvia ya no esta. í‰l crece en Muchamiel, el pueblo donde los padres de Silvia se conocieron hace unos ocho años y donde ya se ha ido hasta cuatro veces de entierro por acciones de ETA (en septiembre de 1991 un coche bomba mató a tres trabajadores municipales). Poco después, José Joaquin Martinez, que ahora tiene 33 años, y Toñi Santiago, de 30, empezaron su noviazgo.í‰l era guardia civil nacido en Albacete y ella, oriunda del Bierzo leonés, trabajaba en una panaderia junto al parque Ansaldo. Silvia fue su primera y única hija. Y por esa herida lloran ahora: «Les guardaremos rencor el resto de nuestras vidas», han dicho.
Los padres de José Maria Piris han estado 22 años en silencio.«Fueron a por un joven guardia civil que vivia junto a nuestro bloque y nos tocó a nosotros», dice Carmen mientras su marido asiente. «Aquel pobre muchacho guardia civil, al que sólo conociamos de vista, vino a nuestra casa a pedirnos perdón…». El vecindario del pueblo guipuzcoano, en general, se volcó con la familia extremeña.Vascos y no vascos. Guardó silencio cómplice, eso si, el padre de un compañero de fútbol de su José Mari. Aquel vecino, exiliado en Francia por su militancia proetarra, habia vuelto a Azcoitia tras una amnistia concedida tras la muerte de Franco.
El exilio de los Piris Carballo fue interior y por motivos económicos.Llegaron al Pais Vasco en 1973, al final de la dictadura, cuando aún a aquella tierra se la nombraba como las Vascongadas. Y la abandonaron para siempre, enlutados, el año, 1980, en el que Euskadi celebró sus primeras elecciones al Parlamento autonómico, que ganaria el PNV. El año que, en definitiva, la tierra de la txapela recuperó de hecho las riendas de su autogobierno.
ETA, en cambio, mató como nunca y en una cantidad que ya jamas repitió después. Las paginas de los periódicos se llenaron con hasta 97 muertos por atentados de quienes se autoproclamaban gudaris de la causa independentista vasca. El terrorismo de ultraderecha también derramó bastante sangre: 25 victimas, vascos en su mayoria.Seis etarras muertos en enfrentamientos con la policia y cinco fallecidos en atentados del GRAPO hicieron que 1980 se cerrara con un muerto cada 90 horas. La sociedad lo observó todo agazapada.Las respuestas populares de cierta envergadura ante los 133 asesinatos fueron escasas; apenas 30.000 personas en una manifestación en Pamplona y 15.000 en otra en San Sebastian.
CASTIGAR LA APOLOGíA
En los periódicos que, el domingo 30 de marzo de 1980, informaban de «El primer niño muerto por el terrorismo en Euskadi» (El Pais), otros titulares hablaban de cómo los politicos (gobernaba la UCD de Suarez) intentaban combatir a los violentos. Valga un titular: «La apologia de delitos cometidos por bandas o grupos armados sera castigada». Ahora, tras la muerte de Silvia en Santa Pola, el debate se centra en la posible ilegalización del brazo politico de ETA, Batasuna.
Cuando mató a Piris, oficialmente la organización militar nacida en seminarios vascos llevaba segando vidas desde 1968 (asesinato del guardia civil José Pardines, el 7 de junio). La realidad, de creer en un concienzudo estudio realizado por el catedratico de la Universidad de Barcelona y ex ministro Ernest Lluch, que seria luego abatido de un tiro en la nuca (21 de noviembre de 2000), es que el «pecado original» de la banda se remonta a 1960.
Según publicó en El Correo apenas un año antes de su asesinato, la primera victima mortal de ETA fue un bebé de 22 meses que murió a consecuencia de una bomba en la estación de Amara (San Sebastian), el 27 de junio de 1960.
La niña se llamaba Begoña Urroz Ibarrola, y ETA jamas reivindicó aquella acción. «El esperable resultado de una muerte especialmente repugnante», escribió Lluch, «debió conducir a una discreción absoluta».
Veinte años y casi un centenar de muertos después, los independentistas violentos habian perdido cualquier atisbo de rubor. Aún hoy Carmen y Antonio no entienden cómo ETA logró localizar su nueva dirección en San Vicente de Alcantara (Badajoz), pueblo natal de ambos al que regresaron tras la muerte de José Maria con los tres hijos que les quedaban vivos.
Habian transcurrido unos cuatro meses desde el atentado cuando encontraron en su buzón una carta dirigida al difunto. En el interior, en un folio manuscrito y sellado con el hacha y la serpiente, alguien en nombre de ETA les decia que su hijo habia muerto por error, que la bomba no era para él. «Pero no se arrepentian», añade con rabia Carmen.
MADRE EN EUSKADI
«Le quitaron la vida a José Maria y a nosotros nos la estropearon para siempre», dice entre suspiros la madre. En 1980 tenia 40 años, «demasiados» para encajar un golpe tan tremendo. Y eso que, hasta entonces, ella habia sido una mujer fuerte. Con 17 años, un camión atropelló a su madre, dejandola huérfana. De aquello, mal que bien, se repuso. Cuando en el 73 hizo las maletas, ella y su marido (tenian ya tres hijos; el cuarto naceria en Azcoitia) buscaban en el norte el porvenir que su tierra les negaba en aquellos años dificiles y de empleos malpagados. Antonio dejó el campo (en verano, los regadios del Plan Badajoz y en invierno, mochila al hombro para el acarreo de café) por un trabajo que unos parientes ya emigrados le encontraron en Acerias y Forjas de Azcoitia.
«Ganaba entonces, con horas extra, hasta 100.000 pesetas, cuando aqui dificilmente llegaba a la mitad». El sueldo daba de sobra para el alquiler de uno de los pisos que, en bloques de vivienda construidos en las laderas del pueblo para albergar la mano de obra de la entonces boyante industria del acero, ocupó la familia.Estaban, ademas, rodeados de extremeños que, como ellos, habian emigrado. Y en ese ambiente, «sin haber tenido nunca un problema con nadie», decidieron ir a por un cuarto hijo. Carmen dice ahora que tener que sacarlo adelante fue su salvación. «No llores mama, que Rari (asi llamaba el pequeño a su hermano) va a venir», la intentaba consolar el niño cuando la presentia rota por la desesperación.
En 1980 aún no existia la Asociación de Victimas del Terrorismo (AVT), que nació un año después, ni nadie le ofreció un psicólogo a los Piris Carballo. La madre, aunque lo necesitaba, no se atrevió a pedir nada. «Entonces si acudias a un psicólogo decian que es que estabas loca…». Y su mal era otro. No habia ni médico ni dinero que pagara lo que le habian quitado. En aquellos tiempos casi ni los periódicos se ocupaban de las victimas. Faltaban aún muchos años hasta que, con el aldabonazo del asesinato de Miguel íngel Blanco (1997), una parte importante de la sociedad abriera los ojos.
La primera indemnización que recibió la familia fue de dos millones de pesetas. Después tuvo lugar el juicio contra los autores del atentado, aunque nadie avisó de ello a Carmen. «A mi hermano, que vivia conmigo desde que un camión mató a nuestra madre, le dijeron que mejor no saber quiénes eran los asesinos, pero a mi me hubiera gustado asistir al juicio… Y mirarles a la cara a esos sinvergí¼enzas que le quitaron la vida a mi niño».

En la sentencia, de 20 de abril de 1986, la Audiencia Nacional condenaba como autores del atentado a Francisco Fernando Martin Robles, Juan Aguirre Aguiriano y Jesús Maria Zabarte Arregui.Dos años después se ampliaba la condena a José Gabriel Urizar Murgoitio. Se establecia también la indemnización por responsabilidad civil: 31 millones de pesetas (a 20 ascendia la fijada para Fernando Garcia López, el otro niño que resultó herido por la explosión y quedó con secuelas para toda la vida. Su familia, como la de Piris, también dejó al poco Azcoitia y regresó a su tierra, Corrales del Vino, Zamora).
La promulgación, el 8 de octubre de 1999, de la Ley de Solidaridad con las Victimas del Terrorismo, ha permitido a la familia extremeña completar la indemnización por la muerte de su hijo con 27 millones, que se suman a los dos recibidos en los 80. «Ni mi marido ni yo queriamos pedir nada; ese dinero te quema en las manos, pero nuestros hijos nos convencieron con mucho sentido común».
Antes de que el Ministerio de Interior atendiera la petición, que fue cursada por la hija mayor de los Piris, fue excarcelado en 1997 uno de los cuatro etarras condenados, en concreto Martin Robles. Y también antes, en 1998, en el contexto de la tregua declarada por ETA, otro de los sentenciados, Zabarte Arregi, se convertia en interlocutor del Gobierno en representación de los etarras en prisión.
ADIí“S AL PAíS VASCO
Ni Carmen ni su marido Antonio han sabido nunca el nombre de sus verdugos. Aunque no han vuelto a pisar el Pais Vasco, asienten cuando la mayor de sus hijas, la misma que habia prestado a José Maria las zapatillas para jugar al fútbol con las que fue asesinado, dice que no se puede rechazar todo lo vasco. «No se odia a aquella tierra, ni a la gente en general…». Habla quien, como la madre de Silvia, llegó a ver el cuerpo destrozado de su ser querido.«Mi madre estaba en la plaza y yo, en casa con mis otros dos hermanos. Tenia entonces 15 años… Cuando bajé a la calle, porque lo mataron en la puerta de casa, lo vi. Lo reconoci porque llevaba mis zapatillas puestas», dice la hermana mayor.
Su madre, a la que no dejaron acercarse, recuerda aún como si lo estuviera viviendo su regreso de la compra. «La gente decia al principio que habia sido una bombona de gas, pero enseguida el corazón me dijo que era él, mi niño… Desde entonces estoy mal. Y mi marido peor, porque él si vio su cuerpo».
Maria Luisa Cabanas, psicóloga de la AVT, explica que el mayor derrumbe entre las victimas de terrorismo se da entre quienes pierden a un hijo. Algunos psicólogos designan al periodo de duelo que se inicia, y suele durar al menos dos años, con el nombre de sindrome de la habitación vacia. «El trauma es insuperable, aunque se puede aprender a convivir con él», dice la psicóloga Cabanas.
Trastornos de ansiedad («se reviven con frecuencia los hechos si se ha sido testigo de la acción») y depresivos («muchos padres y parientes se sienten culpables por no haber podido hacer nada») son las secuelas que antes se manifiestan. Durante los primeros meses, la mayor parte de las victimas precisa de tratamiento psicofarmacológico y psicoterapia, individual o en familia. Hay quienes requieren apoyo terapéutico de por vida.
Sin psicólogos, después de 22 años Carmen Carballo ha aprendido a convivir con el dolor por el hijo que le robaron siendo un niño. Por eso puede escribir una carta a la madre de Silvia.Al principio recuerda interminables caminatas, con grandes silencios, junto a su marido por los alrededores de San Vicente de Alcantara, su refugio.
Ahora, con una pierna achacosa, sólo tiene una salida que no perdona a diario. «Ir a estar con él en el cementerio es mi único consuelo. Sólo cuando voy parece que he hecho los deberes del dia. En el cementerio le tengo macetas, ¿sabes? Si fuera por mi, estaria alli siempre, a su lado». A veces piensa en otros niños: Silvia, Fabio, Maria del Coro, Vanesa, Francisco, Luis, Julia…
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EL CEMENTERIO INFANTIL DE ETA
1980 Oficialmente, éste es el año en el que ETA se cobra la primera vida de un niño: José Maria Piris. Aunque existen estudios, como el realizado por el después asesinado Ernest Lluch, que consideran que la sangria comenzó en 1960. Begoña Urroz, de 22 meses, moria tras la explosión de una bomba en San Sebastian. El atentano no fue reivindicado. La que sigue es la lista de los demas niños, hasta completar 22, muertos a manos de ETA.
ALFREDO AGUIRRE BELASCOAIN/ 1985. Tenia 14 años cuando una bomba-trampa colocada en un portal en Pamplona sesgó su vida.
DANIEL GARRIDO VELASCO/ 1986. Murió en San Sebastian al estallar una bomba colocada en el techo del automóvil en el que viajaba con sus padres, que también perdieron la vida. Tenia 16 años.
SONIA CABRERIZO MíRMOL/ 1987. Victima, con 15 años, del atentado de Hipercor (Barcelona).
SUSANA CABRERIZO MíRMOL/ 1987. Hermana de la anterior, de 13 años, murió en la misma explosión.
SILVIA VICENTE MANZANARES/ 1987. Murió con 13 años, también en Hipercor, el atentado, hasta ahora, mas sangriento en el historial de ETA: 21 muertos.
JORGE VICENTE MANZANARES/ 1987. Hermano de la anterior, tenia nueve años. El coche bomba de Hipercor se cobró la vida de cuatro niños.
SILVIA PINO FERNíNDEZ/ 1987. Ella, con siete años, y sus padres fallecieron en el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.
SILVIA BALLARíN GAY/ 1987. Con seis años, y junto a su padre, murió en el mismo atentado que la anterior.
ROCíO CAPILLA FRANCO/ 1987. Otra victima de la explosión en Zaragoza.Tenia 12 años.
ESTHER BARRERA ALCARAZ/ 1987. De tres años e hija de un guardia civil del acuartelamiento zaragozano.
JULIA BARRERA ALCARAZ/ 1987. Hermana gemela de la anterior.Cinco niños fallecieron en Zaragoza.
LUIS DELGADO VILLALONGA/ 1988. Murió en Madrid, con tres años, como consecuencia de las heridas sufridas en la explosión de un coche bomba.
MARíA DEL CORO VILLAMUDRIA/ 1991. Murió, con 17 años, tras la explosión de un artefacto adosado a los bajos del coche de su padre en San Sebastian.
MARíA CRISTINA ROSA MUí‘OZ/ 1991. 14 años. Jugaba en el patio interior de la casa cuartel en Vic (Barcelona) cuando un coche bomba hizo explosión.
MARíA DOLORES QUESADA ARRAQUE/ 1991. También asesinada en Vic.Tenia ocho años.
ANA CRISTINA PORRAS Lí“PEZ/ 1991. Jugaba con las anteriores en el patio del cuartel. Tenia 10 años.
FRANCISCO DíAZ/ 1991. Murió en Vic con 17 años.
VANESA RUIZ LARA/ 1991. Quinto menor fallecido en la explosión de Vic, cuando tenia 11 años.
FABIO MORENO ALSA/ 1991. Un artefacto colocado en el coche de su padre en Erandio (Vizcaya) sesgó su vida con dos años.
SILVIA MARTíNEZ/ 2002. Seis años, asesinada el domingo en Santa Pola (Alicante).
CARTA A LOS PADRES DE SILVIA
Queridos padres: No hay palabras para expresar lo que sentimos por la pérdida de su pequeña. Nosotros, mas que nadie, podemos entender cómo se sienten en estos momentos y sabemos que no existen palabras de consuelo. Sólo el tiempo y el cariño de vuestra familia y amigos pueden ayudaros a sobrellevar a duras penas el dolor, la rabia y la impotencia que sentiréis ahora y que nunca se borraran de vuestro pensamiento. Mi familia pasó por la misma dolorosa situación hace ya 22 años (mi hermano José Maria Piris Carballo fue el primer niño victima de un atentado terrorista. «ASESINATO») a las puertas de nuestra casa, mientras esos asesinos lo veian todo y no hacian nada para que no tocara el artefacto que explosionó en sus manos.
Cada vez que hay un atentado, nosotros revivimos los mismos sentimientos de rabia e impotencia que ustedes sentiran en estos momentos.Sólo esperamos que de una vez por todas se acabe con estas muertes inútiles e injustas, que destrozan familias inocentes y, sobre todo, que las personas que puedan de una forma u otra terminar con estos delincuentes, que es lo que son, lo hagan. El primer paso seria acabar con su representación politica, que nunca debieron tener, financiada ademas por todos nosotros. Claro, que la única manera es que no se inculque en los niños, desde pequeños, el odio por todo lo que no sea vasco o por quienes no piensen como ellos.
Guipúzcoa es una provincia preciosa donde yo vivi desde los 8 hasta los 16 años. Alli fui a la escuela y sufri el rechazo de muchos de mis compañeros que nos consideraban extranjeros, «españoles en su pais». En el Pais Vasco hay mucha gente buena que esta sufriendo todos los dias el miedo y lo mas triste, no se pueden expresar libremente en contra de unos pocos que se encargan de destruir el derecho a la libertad y el poder vivir en paz.
Querida familia, espero que, de alguna manera, encontréis la fuerza necesaria para seguir adelante con vuestra vida, porque sé que olvidar y perdonar no es posible. Recibid de toda la familia nuestro mas sentido pésame y nuestro cariño.
Carta escrita este jueves desde San Vicente de Alcantara (Badajoz) por la familia de José Maria Piris Carballo, el primer niño asesinado por ETA.