Joaquín Ferrándiz Ventura, alias “Ximo” nació en Castellón en 1963, bien parecido, todos los que lo conocían lo describen como una persona amable, trabajadora y muy educada. Trabajaba en una agencia de seguros, huérfano de padre desde muy joven, vivía en compañía de su madre.
Hasta 1990 tiene una vida tranquila de la que se conoce bien poco, es en entonces cuando es condenado a catorce años de prisión ya que el año anterior, cuando circulaba con su coche había derribado de su moto, a María José, una mujer de dieciocho años y, con la excusa de trasladarla a un hospital, la subió a su vehículo, la llevó a un paraje solitario la ató, la golpeó y la violó. La joven identificó a Ferrándiz en una rueda de reconocimiento y fue condenado por un delito de violación y otro de imprudencia temeraria. Se llegó a hacer una campaña por parte de su familia y amigos para su puesta en libertad ya que parecía imposible que fuese el autor de semejante fechoría.
Este modus operandi es utilizado de una manera u otra durante toda su carrera criminal, provoca un accidente o realiza actos para “poder ayudar” a sus víctimas y que estas suban confiadamente en su vehículo.
Cuando suceden los hechos principales de su carrera criminal se encontraba en tercer grado penitenciario lo que le permitía una situación de semi-libertad continuando su tratamiento en un centro de inserción social, debido a que había reducido notablemente su condena por buena conducta, estudios, participación en concursos literarios. Había incluso dirigido una revista titulada La Saeta para internos del centro penitenciario lo que motivó que obtuviese un gran número de redenciones de pena en tal cantidad que en 1995 ya tenía cumplidas dos terceras partes de su condena.
Los médicos forenses, la psiquiatra y la psicóloga del centro penitenciario habían dictaminado para concederle ese tercer grado que Joaquín Ferrándiz era una persona normal.
El 1 de julio de 1995, tras una juerga con sus amigos y ya solo, se encontró con Sonia Rubio Arrufat, de 25 años, en la Gran Avenida de Benicasim. Pasó por su lado con su coche, un Seat Ronda y la invitó a subir para llevarla a casa, posiblemente lo conocía de vista y, una vez dentro del coche, la golpeó, amenazándola con una navaja y le ató las manos con los jirones que hizo de la camiseta de la joven. También le quitó las bragas y con ellas la amordazó, metiéndoselas en la boca y, con cinta adhesiva de las de embalar, de 18 milímetros de ancho, la enrolló alrededor de su cabeza. En un paraje entre Benicasim y Oropesa, violó y estranguló a Sonia, luego ocultó el cuerpo, cubriéndole la cabeza con una cubeta de plástico y el resto con un saco vacío de papel de los de cemento, que encontró en un vertedero próximo, tapando todo con unas ramas. El cadáver no se descubrió hasta noviembre de 1995.
La desaparición de Sonia provocó un gran revuelo mediático a nivel nacional, lo que obligó a Joaquín a cambiar el tipo de víctimas a las que atacar y se fijó en un colectivo de riesgo, las prostitutas.
A mediados de agosto de 1995, después de haber estado por varios locales y cuando ya eran sobre las 5’30 horas, Joaquín se dirigió a la carretera del Grao de Castellón a Almanzora, contactando con Natalia Archelós Olaria, de 23 años, que se dedicaba a la prostitución, quien subió en el coche de Joaquín y se dirigieron un camino cercano. Una vez allí, de forma súbita, rodeó el cuello de la joven con una de las perneras de la malla que se había quitado y la asfixió. Seguidamente tiró el cadáver por un desnivel descendente que origina el cauce sin agua del Río Mijares y no fue descubierto hasta el 27 de enero de 1.996.
Aproximadamente un mes después, un día de madrugada, después de haber estado tomando varias copas, volvió a la zona de prostitución aludida, contactando en esta ocasión con Francisca Salas León, de 23 años y ambos acordaron mantener relaciones sexuales. Tras montar Inmaculada en el coche del acusado y tener relaciones en un lugar apartado, la golpeó logrando reducirla para atarle ambas manos por la espalda con las propias bragas de ésta y con una bolsa de plástico, la estranguló con sus propias manos. El cadáver de Inmaculada fue encontrado por el servicio de limpieza del Ayuntamiento de Villarreal el 2 de febrero de 1.996, mientras realizaban trabajos.

A los pocos días de haber cometido el anterior asesinato y, sobre la misma hora, se dirigió nuevamente a la zona de prostitución con el propósito de procurarse otra víctima. Esta vez contactó con Mercedes Vélez Ayala, de 25 años, viuda y adicta a la heroína. Tras tener sexo con ella, envolvió de forma violenta el cuello de Mercedes, con una pernera de la malla elástica que se había quitado, la asfixió y arrojó el cuerpo a unos 50 metros de donde dejó el cadáver de Francisca. El cadáver de Mercedes fue descubierto de forma causal el 30 de enero de 1.996 por dos jóvenes que estaban sentadas en la tubería que discurre por el margen del camino desde donde se arrojó el cuerpo.
En enero de 1997 fue detenido Claudio Alba, de cincuenta años, camionero y proxeneta, acusado de ser el autor del asesinato de las tres prostitutas, debido a que una testigo lo sitúa en el lugar de los hechos, pero es puesto en libertad cuando se logra probar que Joaquín Ferrándiz era el autor de todas las muertes.
Después de haber matado a tres prostitutas, volvió a fijar su mirada en las mujeres que le habían llamado siempre la atención, mujeres jóvenes que al finalizar la salida de fin de semana regresaban a su domicilio solas y a las que podía “ayudar” auxiliándolas, así el 14 septiembre de 1996 sobre las 7’00 horas, Joaquín se encontraba en la zona del «Pub» conocida como «Las Naves» en Castellón y allí entabló conversación con Amelia Sandra García de 25 años, a quien conocía. Tras intimar, decidieron irse juntos en el vehículo de aquél a algún lugar apartado. Mantiene dentro del coche relaciones sexuales con ella y cuando se estaba vistiendo, le golpeó la cabeza y el rostro con una piedra envuelta en una toalla y, posteriormente, utilizando el propio sujetador de Andrea le ató las manos, por detrás de su propio cuerpo, la estranguló y ocultó el cadáver en una balsa que, por estar rodeada de altas cañas en sus márgenes, impedía la normal visión del agua. Arrojó dentro el cuerpo, que fue encontrado casualmente el 19 de febrero de 1.997.

Todavía, antes de su detención, le daría tiempo a intentar violar y matar a dos mujeres más, aunque afortunadamente no lo consiguió.
La primera, el 15 de febrero de 1.998, una joven que iba sola por la Avda. Almazora de la ciudad de Castellón. En esta ocasión Joaquín se escondió y cuando la chica llegó a la altura, la abordó tratando de taparle la boca, pero los gritos de la chica y que un hombre salió en su auxilio frustró su intento.
Llegados a este punto, en mayo de 1998, se solicitó por parte de los investigadores y, por primera vez en España, la elaboración de un perfil criminal que pudiese arrojar luz sobre el caso, acudiendo a la Universidad de Valencia donde daba clases Vicente Garrido Genovés, que basándose en las teorías de David Canter elaboró un perfil geográfico del autor. En las conclusiones de dicho perfil Vicente Garrido explicó que la forma de matar, utilizando para asfixiar a sus víctimas sus propias prendas, era una “firma” y que todas las mujeres, incluso Sonia Rubio, habían sido asesinadas por la misma persona.
Y por último, el 12 de julio de 1.998, cuando era ya objeto de seguimiento por parte de los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, entró en la discoteca «Botánico» de Benicasim y se fijó en una chica a la que siguió cuando salía del local. Viendo que tenía un Renault 5, la siguió y cuando se bajó del coche para comprar tabaco, Joaquín vació el aire de una de las ruedas de su coche, lo que provocó, no su parada, sino que esta condujese el vehículo y un poco después perdiese el control y volcase. Joaquín, esta vez no abusó de ella y llevó a la joven hasta el Hospital General de Castellón mientras era seguido por varios coches de la Unidad Central Operativa (U.C.O). No obstante, el hecho de haber ocasionado el accidente al desinflar la rueda del coche, da motivos suficientes para su detención e interrogatorio. Se realizó además un registro en su domicilio el 1 de septiembre de 1.998, donde se encontró la navaja y la cinta aislante adhesiva utilizada en el asesinato de Sonia Rubio. Esto provocó la confesión e imputación de todos sus asesinatos.
En enero de 2000, se dicta Sentencia por parte de la Audiencia Provincial de Castellón y es condenado a un total de 69 años de cárcel. Ingresa en el Centro Penitenciario de Herrera de la Mancha, donde cumple condena junto a Tony King, asesino de Sonia Carabantes y Rocío Wanninkhof; Santiago del Valle, violador y asesino de Mari Luz Cortés; Miguel Carcaño, acusado de la muerte de Marta del Castillo; y de Álvaro de la Iglesia, alias “Nanisex”, uno de los más prolijos pederastas de nuestra historia.
Joaquín Ferrándiz saldrá de prisión el próximo 2023 y, aunque no ha solicitado todavía el tercer grado, ya tiene derecho al mismo. Está considerado como un preso modelo.






